“…Un lobo que, hace ya muchos años, al decir de la leyenda, apareció por estas peñas por las que ahora va el viajero, para comerle el burro al que en Valdorria se había establecido, y por aquí tenía su cueva. Pero al lobo el burro se le atragantó antes aún de que hubiera podido empezar a comerlo. No había acabado todavía de matarlo cuando, de repente, apareció el ermitaño entra las peñas y, henchido de fervor e iracundia franciscanos, hizo ponerse de rodillas a la fiera, la bendijo, le arrancó el arrepentimiento por la fuerza y, luego, le puso las alforjas del jumento y le obligó a subir durante varios meses las piedras necesarias para acabar la ermita que, con ayuda del burro, estaba construyendo en lo más alto de la peña. ”

(El río del olvido, Julio Llamazares, p. 104)