Los chicos del coro

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Cantaron en la beatificación de San Josemaría y en el Encuentro Internacional de la Familia con Juan Pablo II. Tienen recuerdos entrañables de aquellos días con el Papa y el beato Álvaro. Ellos no son de la Obra pero algunos de sus hijos sí.

“El Papa se rió de mi gesto tan espontáneo y don Álvaro entonces se acercó sonriendo”

“Personalmente no conocí a don Álvaro –dice Kika- pero lo vi en la beatificación de San Josemaría. Cantábamos en el coro y al terminar la ceremonia tuve la suerte de poder saludar al Papa. Como don Álvaro iba detrás, lo llamé también, pero él me hizo una seña discreta de negativa porque no quería protagonismo. Y entonces me salió la protesta: ¡pero cómo puede ser que no me dé la mano! El Papa se rió de mi gesto tan espontáneo y don Álvaro entonces se acercó sonriendo y me dio… las puntitas de los dedos”.

En el Encuentro de la Familia, hicieron la ofrenda del agua y el vino con sus trece hijos y pasó otra cosa divertida: “Juan Pablo II nos dijo que rezaba por nosotros, y se preocupó de que Luis no tuviera trabajo”. “Es que me preguntó qué pedía en ese momento –tercia Luis. Y yo le contesté: ‘fundamentalmente que tenga trabajo’, pero lo dije en general, para conservarlo, y él pensó que no tenía, y, con tanta familia, se asustó”. “Y entonces –sigue Kika- respondió: ‘¿cómo que no tiene?’ Y todos nuestros hijos: ‘¡que sí, que sí tiene!’. ‘¡Ah, bueno!’. ¿Y sabes qué añadió el Papa?: ‘en esta misma Misa voy a pedir por vosotros”.

“Don Álvaro y don Javier comparten ese mismo espíritu del Papa: son muy cercanos a la familia. Porque la familia es la iglesia doméstica”

“Pues te das cuenta que don Álvaro, don Javier comparten ese mismo espíritu del Papa: son muy cercanos a la familia. Porque la familia es la iglesia doméstica”. Esa preocupación por los suyos fue precisamente lo que acercó a Kika y Luis al Opus Dei. “Siempre hemos llevado a nuestros hijos a colegios cuya formación espiritual está encomendada a sacerdotes del Opus Dei porque creíamos que la educación era fundamental. Tenemos muchas amistades de la Obra y una simpatía tremenda con todo. Si no, no estaríamos aquí”.

Los dos han cantado siempre juntos, pero en esta ocasión, Luis tiene que subir solo al escenario, y le cuesta mucho. Kika está enferma, va en silla de ruedas. Le diagnosticaron un tumor cerebral el año pasado pero no ha querido perderse esto por nada del mundo. Su canto a la vida y a Dios es el aria más vibrante y expresiva que existe.

“No estoy cómoda pero quería venir, salir de casa. No iba a quedarme ahí ni renegando ni llorando… Al principio, hace un año, cuando me dieron el diagnóstico dije: pues estoy en manos del Señor porque ni antes ni después me iré”

“No estoy cómoda pero quería venir, salir de casa. No iba a quedarme ahí ni renegando ni llorando… Al principio, hace un año, cuando me dieron el diagnóstico dije: pues estoy en manos del Señor porque ni antes ni después me iré. A don Álvaro no le he pedido nada de esto -en el sentido de ser mejor, sí-, pero ya está. ¿Para qué le voy a pedir nada? Sé que eso va a ocurrir, se ponga quien se ponga. Y no es que lo acepte, ¡es que me parece lo normal! Mucha gente piensa: fíjate, está “nosequé”, pobrecita… Bueno, ¿y el que se estampa con una moto allí, qué? ¿Sabes? Parece que se muere solo el que está malito… Y no es verdad. Estamos todos en manos de Dios.

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