Walter Mischel, de la , realizó una prueba a unos niños y niñas de 4 años.

Los llevó a una habitación donde había un delicioso bombón de encima de la mesa, y dijo a cada uno: “puedes comerte el bombón ahora, pero si esperas para comértelo a que yo vuelva de un recado, te daré dos bombones”.

Resultado: uno de cada tres niños no pudo resistir la y se comió inmediatamente el bombón. Otra tercera parte esperó un poco, pero cedió. El otro tercio dominó valientemente el impulso de comerse el dulce; supo esperar y recibió los dos bombones.

Catorce años más tarde, los que fueron niños impulsivos a los 4 años se habían convertido en jóvenes problemáticos. Los que habían sabido esperar estaban más capacitados para enfrentarse a las frustraciones, eran más resistentes a la presión, más autónomos, y seguían mostrándose capaces de diferir las recompensas en beneficio de sus objetivos.

(Del del del Corazón de Jesús)