Sus primeros pasos como gobernante Fue en el año 340 a.C en que parte
Filipo para sitiar a Bizancio, dejando en Pella, capital de Macedonia,
a su hijo Alejandro. Una prueba de fuego para él, pues habría de
gobernar contando con tan solo 16 años. Pasa la prueba, Alejandro puede
gobernar en ausencia de su padre Filipo. Este, más tarde, habría de
enviar a su hijo Alejandro a un campo de batalla. Aquí, ya Alejandro,
contaba con dieciocho años de edad. Pasan los años y surgen
desavenencias entre padre e hijo. Filipo se aparta de Olimpias para
casarse con una bella macedonia llamada Cleopatra (no la de la
película, aquella otra Cleopatra -una de las más famosas reinas de
Egipto-, la que cautivara con su gran belleza a célebres guerreros como
César y Marco Antonio). Alejandro continúa el pleito contra su padre.
Viene la boda de Filipo y Cleopatra. Este (Filipo), bebe demasiado. Se
abalanza para reprocharle algo a Alejandro. Cae Filipo. Alejandro se
vuelve y dice: “Macedonios, he aquí al hombre que se preparaba para
pasar de Europa a Asia, pero que ni siquiera puede trasladarse de una
mesa a otra…”. Así veía Alejandro a su padre. Un cuadro no muy digno,
que digamos; pues, como vemos, se burla hasta de su padre. Siguen
rodando los años. Alejandro y su madre Olimpias se ausentan de la corte
para irse a radicar entre los ilirios. Un corintio, Demaratros, hace
que Filipo y Alejandro se reconcilien. Alejandro vuelve a Pella, y su
madre adquiere nuevamente su antiguo rango. Filipo es más tarde
asesinado en una boda. Lo apuñalan a la entrada de un teatro. Más tarde
Alejandro sería proclamado rey. Alejandro es proclamado rey A la muerte
de Filipo, su hijo, Alejandro, asciende al trono de Macedonia y es
proclamado rey, algo que logra sin mucha dificultad. Había, por
supuesto, gente que se oponía, entre ellos muchos inquietos helenos que
ardían en deseos de sublevarse. Viene un Congreso (el Segundo Congreso
de Corinto, allá por el año 336 a.C., en época de otoño, cuando caen
las hojas), y, Alejandro, es proclamado oficialmente rey de Macedonia.
Alejandro, un muchacho de apenas casi 20 años que pronto habría de
demostrar ser un hábil gobernante, y que a los 30 años ya sería
conocido como Alejandro el Grande, Alejandro Magno. Alejandro: el gran
rey, el gran conquistador Fueron grandes las conquistas de Alejandro.
Después de haber sometido a Grecia, se hizo conferir, en Corinto, el
título de generalísimo de los helenos. Venció innumerables tropas. Se
apoderó de Tiro y de Sidón, lo mismo que Jerusalén, Sidón y Damasco.
Invadió y conquistó Egipto, fundó Alejandría. Atravesó el Éufrates y el
Tigris, conquistando Arbelas, Babilonia y Susa. Quemó Persépolis y
llegó hasta el Indo. La importancia de sus conquistas Grandes fueron
las conquistas de Alejandro. Innumerables ciudades, reinos y regiones
pasaron por sus manos. Enfrentó a grandes hombres, como a Darío III,
rey de los persas, a quien luego de haber derrotado, le perdonara la
vida. Darío quiso llegar a un acuerdo proponiéndole a Alejandro el
repartirse el reino, contestándole Alejandro “no puede haber dos soles
en los cielos…”. Más tarde, alguien (ante la contrariedad de
Alejandro), le cortaría la cabeza al Emperador Darío. Luego, Alejandro
se desposaría con una hija del propio Darío. A la muerte de Filipo,
muchas ciudades griegas quisieron liberarse, pero Alejandro cayó
rápidamente sobre Tebas. La ciudad fue arrasada por completo, quedando
sólo en pie las edificaciones de los templos y la casa donde viviera el
poeta Píndaro, a quien Alejandro mucho admiraba. Y así como esta,
fueron muchas de las acciones que emprendió e hizo respetar Alejandro.
Alejandro: el gran imperio Es de alabar, que una de sus ideas
principales haya sido la de respetar las creencias y principios de
todos los pueblos. Al conquistarlos no destruía ni su culto, ni su
cultura, ni su religión. (Cosa que llevándola a términos prácticos y
modernos se ve todo lo contrario en fusiones de bancos, empresas o
cambios de autoridades).Su intención había sido la de formar un solo
imperio de toda esta vasta región, sin tener problemas de ninguna
especie. Alejandro fundó más de 70 ciudades, muchas de las cuales le
dieron su nombre (ciudades a las que se les conocía con el nombre de
“Alejandrías”). Su idea había sido la de formar un Imperio Universal,
que tendría como capital y centro principal Alejandría, una de las
ciudades más importantes de todos los tiempos. Alejandría: ciudad de
ciudades Alejandría, la única ciudad que fuese planeada antes de ser
construida. Una ciudad, importante centro de cultura y del comercio.
Una ciudad cuyas calles estaban pavimentadas y eran iluminadas por las
noches. Una ciudad con un hermoso museo y una extraordinaria biblioteca
que acomodaba medio millón de volúmenes. Una ciudad en que los
científicos vivían con los salarios que les proporcionaba el propio
gobierno… Alejandría y el Imperio Universal La ciudad fue grande,
como grandes fueron las ideas de Alejandro. Su sueño gigantesco había
sido el del Imperio Universal. Su imaginación ya había forjado este
sueño, teniendo en Alejandría la capital de capitales. Amigo y
admirador de los persas, Alejandro empezaba a rumiar la idea de
establecer estas costumbres. El mismo ya empezaba a vestir a la usanza
persa, haciendo a sus soldados adoptar estas costumbres. Sin embargo,
su principal preocupación fue la propagación del mundo helénico: un
mundo unido que hablaría griego, y tendría las mismas creencias
religiosas. Un mundo, tal vez utópico, pero que de todas formas o todas
maneras pretendía esparcir la semilla de las ciencias, el arte y la
filosofía. Y siguen las anécdotas Se dice que teniendo en mente este
sueño de grandeza y de formar un solo y vasto imperio, una noche, en
los últimos años de su vida, y una vez terminada la conquista de
Oriente, Alejandro decidió que se celebrasen en una sola noche diez mil
enlaces matrimoniales entre sus soldados y doncellas persas. Esto,
buscando la fusión entre las razas. Una anécdota más, que nos habla
sobre la vida de Alejandro, es la del famoso “Nudo Gordiano”. Se dice
que en Gordium, ciudad situada en el centro del Asia Menor, había un
nudo que unía el carro y la lanza de un antiguo rey de Frigia. La
leyenda señalaba que el que lograrse deshacer aquél nudo sería dueño
del Asia. Nadie podía desatar este nudo. Nadie había podido deshacer
este “entuerto”. Alejandro, por lo tanto, quiso probar suerte y
variando su ruta hacia esa ciudad se apersonó para resolver tal
“dilema”. Al ver el nudo Alejandro rió, desenfundó su espada y de un
solo tajo cortó el nudo dejándolo sólo en leyenda. Diógenes Como se
sabe, Alejandro fue visitado durante su reinado por sabios, poetas y
artistas, que estaban deseosos de conocer al joven rey. Únicamente
Diógenes no se presentó. De él ya le habían hablado en Corinto, y en
una ocasión, en que Alejandro andaba por sus rumbos, decidió hacerle
una visita. Diógenes era aquél famoso hombre que vivía en un tonel, y
al que se le atribuía que en cierta ocasión había recorrido la ciudad
en busca de un hombre, sin encontrarlo. Y Alejandro lo encontró… Como
siempre, Diógenes se hallaba absorto en sus pensamientos, sentado junto
a un muro y muy cerca del tonel. Y al preguntarle Alejandro si quería
algo de él, Diógenes le contestó: “Pues no, solamente que te apartes de
ahí porque me tapas el sol…”. Los cortesanos y acompañantes
comenzaron a burlarse del filósofo, diciéndole que estaba ante el rey.
Diógenes no dijo nada, y los cortesanos seguían riendo. Luego,
Alejandro cortó sus risas diciendo: “Si no fuera Alejandro, quisiera
ser Diógenes…”. Alejandro, su imperio y su muerte Alejandro fue
grande tanto por si mismo como por su imperio. Llegó a Persia, Asia,
Tracia, Siria y Palestina. Tuvo uno de los imperios más grandes que
jamás se hallan conocido. Llegó hasta Tiro, la capital de Fenicia.