La ciudad, especialmente en la Baja Edad Media, constituye un espacio de atracción para la nobleza. Un espacio donde instala sus casas-palacio e incorpora sus prácticas clientelares, y en cuyo aparato de toma de decisiones procura hacerse presente. Pero,
La ciudad, especialmente en la Baja Edad Media, constituye un espacio de atracción para la nobleza. Un espacio donde instala sus casas-palacio e incorpora sus prácticas clientelares, y en cuyo aparato de toma de decisiones procura hacerse presente. Pero,