Las recomendaciones del Concilio Vaticano II fueron decisivas para hacer que la lectio divina (lectura orante de la Palabra de Dios) saliera de los claustros, que la habían conservado preciosamente, y permitir apropiársela a un gran número de creyentes. La expresión, no obstante, abarca prácticas diversas. Frente al apasionamiento actual conviene informarse mejor sobre esta "pedagogía divina", que es menos un método que un camino, un progreso jalonado por etapas precisas con características profundamente bíblicas.