Los talleres dirigidos a adultos, jóvenes y/o niños, parten de la experiencia del silencio, de la insuficiencia del disfrute de las cosas y de las experiencias del amor, de la relación con el otro, de la alegría y del perdón y aportan «pistas» con actividades y recursos para la realización de un proceso de educación espiritual, fundamentalmente personal y acompañado, aunque se requiera a veces la participación del grupo.