Manifestaciones de pobreza cristiana

En qué consiste la pobreza cristiana

La pobreza cristiana no se entiende: en no hay ni un sólo artículo ejemplificando en qué consiste dicha pobreza. Se trata de seguir a Cristo en su pobreza, que no tenía casa, pero vivía en la casa de sus , o no tenía varias túnicas, pero la suya era sin costura; o no tenían qué comer, pero le servían… en fin. Fue a la de Canaan (con vino y todo; ah, y Él regaló vino…) y la última cena no estuvo nada mal, hasta con vasos de alabastro…
La forma de practicar la pobreza cristiana (el desprendimiento de las cosas) es personal. Aquí están unas pocas manifestaciones, a modo de ejemplo: cada uno escoja las que más se acomoden a su situación en la vida…
1. Estar desprendidos de lo que tenemos, cuidando las cosas para que duren, dejándolas a otros; dándoles el uso a que están destinadas; guardándolas en su sitio…
2. consiste también en no tener nada como propio
3. en no quejarse cuando falta lo necesario; no tener nada supérfluo.
4. En elegir para nosotros lo peor, pensando que a los demás también les gusta lo bueno.
5. En evitar darse caprichos, mantener el cuerpo a raya como a un enemigo del que no nos podemos separar.
6. En eludir hacer gastos innecesarios.
7. En tratar de ir a comprar cuando sea posible acompañado por otra persona con criterio o , para contrastar gustos y precios y no dejarse llevar por "el gusanillo" del momento.
8. En reciclar y usar sobres y papel usado por una cara.
9. Ante la adversidad, en poner la mejor cara de tal manera que no se note
(lo que se ha llamado durante mucho tiempo ser pobres de solemnidad)
10. En evitar comprarse lo último, lo más caro, la marca más "pija", sin tener en cuenta lo que necesito de verdad.
11. En rechazar el guardar cosas que no necesito. O en comprar cosas que no necesito.
12. O en evitar confiar los recursos familiares imprescindibles a las máquinas de que acaban "tragándoselo todo". El cristiano que busca seguir la pobreza de Cristo no suele apostar por el "" en vez de apostar por la constancia y el trabajo.
Los han sabido siempre tratar con gran delicadeza y agasajo a sus visitantes; con la grandeza de los patriarcas del (judíos, nuestros antepasados)

Sigue con una de la Madre Teresa…

COMPARTIR.- EL SAQUITO DE ARROZ
DE LA MADRE TERESA

Conozco una familia hindú con 8 hijos que, desde hace días, no tienen qué comer…
Tomé un poco de arroz y fui inmediatamente en su ayuda. Pude ver la carita de los niños, pude ver sus ojos brillantes por el … Y vi, no sin extrañeza, que la madre recibió el arroz, hizo dos partes, tomó una y salió de casa.
A su vuelta le pregunté:
¿Dónde has ido? ¿Qué has hecho?
También ellos tienen hambre fue su respuesta.
Muy cerca vivía una familia musulmana con el mismo número de hijos. Ella sabía que también desde hace días no comían.
Fue esto lo que me conmovió.
En el rostro de cada uno de los miembros de esa familia se había dibujado una paz y una serena alegría.
Y a pesar de que a cada uno sólo le tocó nada más que un par de cucharadas de arroz, había en todos ellos la alegría del dividir y del compartir.

MADRE TERESA

No hace mucho recibí una hermosa carta de y un consistente donativo de un niño italiano que acababa de hacer la Primera Comunión.

En la carta me explicaba que antes de la Primera Comunión había pedido a sus padres que no le comprasen un traje especial y que se abstuviesen de una especial de celebración.

Añadió que había pedido asimismo a sus parientes y amigos que no le hiciesen ningún regalo con tal motivo.

Había decidido renunciar a todo a cambio de poder ahorrar para ofrecerlo a la Madre Teresa.

Fue una espléndida muestra de generosidad por parte de aquel niño.

Vi en ello una disponibilidad para el , para privarse de algo.

Teresa de Calcuta

Así vivió Bosco Guiérrez la Pobreza Cristiana durante su secuestro (vídeo) Cuenta ÉL MISMO que le ofrecieron pedir un deseo; después de meditarlo, pidió un vaso de Whisky; eso era lo único que tenía. Pero se lo ofreció a , y cuando no le veían, lo vertió en el . En ese momento sintió que valía mucho más de lo que él pensaba…