Cómo hay que desear un objetivo

Camino, 316
Me dices que sí, que quieres. —Bien, pero ¿quieres como un avaro quiere
su oro, como una madre quiere a su , como un ambicioso quiere los
honores o como un pobrecito sensual su placer?
—¿No? —Entonces no quieres.
Josemaría

Ahora puedes leer una historia con esta idea (un poco exagerada, por cierto): desear un objetivo con la vehemencia del respirar…

El maestro y el
empujón en el lago.

Cierta vez un hombre decidió consultar a un sabio sobre sus problemas.

Luego de
un largo viaje hasta el paraje donde aquel Maestro vivía, el hombre finalmente
pudo dar con él: – "Maestro, vengo a usted porque estoy desesperado, todo
me sale mal y no se que más hacer para salir adelante". El sabio le dijo:
– "Puedo ayudarte con esto… ¿sabes remar?" Un poco confundido, el
hombre contestó que sí. Entonces el maestro lo llevó hasta el borde de un lago,
juntos subieron a un bote y el hombre empezó a remar hacia el centro a pedido
del maestro. -"¿Va a explicarme ahora cómo mejorar mi vida?" -dijo el
hombre advirtiendo que el anciano gozaba del viaje sin más preocupaciones.
-"Sigue, sigue -dijo éste- que debemos llegar al centro mismo del
lago". Al llegar al centro exacto del lago, el maestro le dijo: -"Arrima
tu cara todo lo que puedas al agua y dime qué ves…".
El hombre, pasó
casi todo su cuerpo por encima de la borda del pequeño bote y tratando de no
perder el equilibrio acercó su rostro todo lo que pudo al agua, aunque sin
entender mucho para qué estaba haciendo esto.
De repente, el anciano le empujó
y el hombre cayó al agua. Al intentar salir, el sabio le sujetó su cabeza con
ambas manos e impidió que saliera a la superficie. Desesperado,
el hombre manoteó, pataleó, gritó inútilmente bajo el agua.
Cuando estaba a
punto de morir ahogado, el sabio lo soltó y le permitió subir a la superficie y
luego al bote. Al llegar arriba el hombre, entre toses y ahogos, le gritó:

-"¿Está usted loco? ¿No se da cuenta que casi me ahoga?". Con el
rostro tranquilo, el maestro le preguntó:
-"¿Cuándo estabas abajo del
agua, en qué pensabas, qué era lo qué más deseabas en ese momento?". -¡¡En
respirar, por supuesto!!
-"Bien, pues cuando pienses en triunfar con la
misma vehemencia con la que pensabas en ese momento respirar, entonces estarás
preparado para triunfar…".

Es así de fácil (o de difícil). A veces es
bueno llegar al punto del "ahogo" para descubrir el modo en que deben
enfocarse los esfuerzos para llegar a algo.