«El amor siempre se aprovecha de todo, tanto del bien como del mal», acostumbraba a decir Sta. , citando a S. Juan de la Cruz. «El amor se beneficia de los sentimientos lo mismo que de las sequedades, de las mociones como de la aridez, de la virtud como del pecado etc.»

(Jacques Philipps, «Tiempo para Dios», p. 56-57)