«El no es la promesa de éxitos fáciles. No promete a nadie una vida cómoda. Es exigente- Y al mismo tiempo es una Gran Promesa: la promesa de la vida eterna para el hombre, sometido a la ley de la muerte; la promesa de la victoria, por medio de la fe, a ese hombre atemorizado por tantas derrotas».

(Juan Pablo II, «Cruzando el umbral de la esperanza»)