Siendo obispo auxiliar a principios de los años sesenta, durante una de las visitas pastorales a un pueblo de la de Cracovia, un niño le saludó dándole un pequeño discurso de , como era .

Wojtyła le dijo que hablara un poco más alto pues no le oía, y el chaval le espetó a viva voz:

-¡Pues si no oyes, te inclinas!

Hubo consternación entre los asistentes. Wojtyła se inclinó y escuchó con lo que le decía y después durante la homilía comentó:

-Uno de los más de vuestra parroquial ya al principio de nuestro encuentro me ha recordado que debo inclinarme para escuchar lo que quiere decirme. Sí, yo ahora en mi servicio pastoral me inclino ante vosotros…

(“Dos Papas santos. Juan XXIII-Juan Pablo II”. Darío Chimeno y José María Navalpotro. Ed. Palabra)