Ireneo era oriundo de Asia Menor y en su juventud tuvo contacto con Policarpo de Esmirna, a través del cual se une a los Apóstoles. Dejó Asia Menor, pasó a Roma y siguió hasta Lyon (Francia). En el año 178 sucedió al obispo mártir San Fotino y gobernó la Iglesia de Lyon hasta su muerte, hacia el año 200. La Iglesia lo venera como mártir. Fue un auténtico testigo de la fe en un período de dura y su campo de acción fue muy amplio debido a que no había otro obispo en las Galias ni en tierras limítrofes. Su lengua era el griego, pero aprendió las lenguas «bárbaras» para poder evangelizar a esos pueblos.