En febrero de 2015, el Estado Islámico asesinó en Libia a 21 trabajadores cristianos: 20 cristianos coptos egipcios y un trabajador ghanés llamado Matthew Ayariga.

Fueron secuestrados y posteriormente ejecutados por negarse a renunciar a su fe cristiana.

En el caso de Matthew Ayariga existe una historia especialmente conmovedora. Algunas fuentes relatan que, cuando los terroristas le ofrecieron salvarse si renunciaba a Cristo, respondió:

«Su Dios es mi Dios».

Sin embargo, este detalle debe tratarse con cierta cautela: otras fuentes sostienen que Ayariga ya era cristiano y que respondió afirmando su propia fe.

Lo que sí está documentado es que Ayariga permaneció junto a los demás y fue asesinado con ellos.

Hoy son conocidos como los 21 mártires de Libia.

Más allá de las diferencias religiosas, hay algo que debería hacernos reflexionar: 21 personas fueron asesinadas simplemente por no renunciar a aquello en lo que creían.

Que su memoria no sea utilizada para alimentar el odio, sino para recordar el valor de la libertad religiosa y la dignidad humana.