“Si nuestra locura se acompaña de , con la ayuda de Dios, es una locura divina. Si tú y yo no pensamos en nuestra , ni en los caprichos de nuestro corazón, ni en nuestras ambiciones personales, ni en nuestro material; si pensamos en los demás, somos felices y locos, divinamente locos. Sólo es infeliz el que piensa en sí mismo, el que se hace egocéntrico. Nosotros debemos ser Cristocéntricos: poner a Cristo en el centro de nuestra vida y, con Cristo, a todos los hombres, incluso a los que nos caen antipáticos”