Desesperado, acudió a la policía a denunciar la desaparición y procedió a cancelar todas las tarjetas de crédito. Pero la jornada iba a resultar atípica en todos los terrenos para nuestro anónimo protagonista: al volver al apartamento, descubrió que el maletín estaba en el mismo lugar donde lo había dejado. Eso sí, el ladrón de guante blanco le había afanado
Sin embargo, el profesor pronto descubrió que el destino no le había cruzado con un ladrón cualquiera. Apenas transcurrió una semana desde el fatal robo, cuando nuestro protagonista recibe en su despacho un sobre sin remitente con un pendrive en su interior. Ardiendo en curiosidad, corrió a inspeccionar su contenido. Para su sorpresa, el mangante era en realidad un tipo considerado, y había copiado todo el contenido del disco duro del ordenador en el pendrive, tarea en la que habría invertido no pocas horas. Esta consideración alegró el día al profesor, quien atisbó un cambio en la sociedad: “Soy muy feliz, hay un halo de esperanza para la humanidad”, afirmó. También encontró un resquicio para el humor en este asunto, ya que, además del portátil, el ladrón no devolvió el carnet de la biblioteca universitaria. “Tal vez quiera aprender o enriquecerse como persona”, afirmó.

Extraído de aquí.