“Las letras y talentos grandes en un hombre inmortificado son como una buena espada en manos de un hombre furioso, que a sí mismo y a otros dañará con ella. Pero si los letrados fueren mortificados y humildes y no se buscaren a sí mismos, sino “las cosas de ” (Fil. 2, 21), entonces habrá mucha paz y unión y todo andará bien”

(Alonso Rodríguez, “Ejercicios de perfección y virtudes cristianas”)