Carta que un enfermo escribe al hospital en el que ha sido dado de alta, y al que tiene que acudir a consulta de vez en cuando:

«Ende que no fui, habrá usted pensado que soy desagradecido, pero es la verdad que no me lo quito de entre las mientes.
No fui por la recogida de la aceituna, que aquí en el pueblo es ahora la furia de ella.
La aceituna, no sé si ud. sabrá, es de donde sale el aceite y es un fruto muy hermoso».

(Juan A. Vallejo-Nágera, “Concierto para instrumentos desafinados”, p. 16)