Ahora que te tengo, tiempo bueno, ahí detrás del quicio de la puerta sin llave ni falleba, siempre abierta, no vayas a enfriar mi arrojo pleno. Que tengo de llegar al campo ameno del verso y la virtud con fuerza cierta y ver y ponderar tu fértil huerta y el fruto que regalas rico y lleno. Ahórrame la pena de mirarte y no gozar de ti de parte a parte como un ensueño absurdo y resistente. Detente en mi portal para sentirte y pueda con pasión ver y escribirte... Oh, tiempo, si fugaz, cierto y presente.