El hecho de la muerte se constata por la experiencia diaria; por el contrario, la pregunta por el «más allá» reclama una justificación. Pues bien, la razón humana muestra que la pervivencia tras la muerte no es un absurdo, sino que ofrece argumentos que la hacen razonable. Por su parte, la revelación cristiana confirma que, tras la muerte, el hombre inicia un modo nuevo de existencia.

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