Es una de las mártires más veneradas desde la antigüedad. Muere mártir en la ciudad eterna a principios del IV con tan sólo doce años. El Papa Dámaso honró su sepulcro con un poema, y muchos Padres de la Iglesia, a partir de San Ambrosio, atestiguan sus virtudes y santidad. Hoy también es San Fructuoso, aunque en muchos lugares se celebró ayer por no hacer coincidir ambas advocaciones.