El de induce a algunos a una medianía de vida que justifican ilusoriamente insistiendo en la necesidad de una que consiste en evitar todo extremo . Suele sugerir este espíritu, con falsa discreción, que la virtud fundamental es la caridad (lo cual es cierto) y habita en el interior del corazón (también cierto).

Pero con esta justificación ceden a la comodidad, eliminan y desprecian los actos generosos exteriores que expresan los interiores. Y acaban por mantenerse en la . Este espíritu lleva a omitir la purificación radical del corazón.

(Luis María Mendizábal, Dirección espiritual, p.245-246)