A temprana edad – emulando a la terciaria dominica – empezó a ayunar tres veces por semana y a realizar severas penitencias en secreto. Su compañero de juegos fue su hermano , quien siempre la apoyó y ayudó. A los doce años se mudó con su familia hacia Quives, un pueblo a 60 de Lima, ubicado en el valle del río Chillón. Es aquí donde recibió la confirmación de manos del futuro santo Toribio de Mogrovejo, su padrino fue el sacerdote del pueblo . Es en Quives donde, al parecer, empezó con sus mortificaciones contrayendo un reuma muy fuerte, con consecuencias dolorosas para su , que ella a su madre.

¿Por qué los se mortifican?

La a la esencia misma del : no hay cristianismo sin cruz. Así consta en la y así lo vivieron los cristianos desde el comienzo.

Una aclaración. Los cristianos no estamos locos. Nadie piense que sentimos placer en el dolor -nos duele como a cualquiera, aunque con el tiempo uno se acostumbra-. Tampoco pensamos que es un “precio” que hemos de pagar por nuestra .

Nos mueve el amor. Siendo el primer el amor a Dios (Mt 22,37-40) -y a fin de cuentas el único, ya que todos los demás se dirigen a eso- no podía ser de otra manera: nos mortificamos por amor: como de amor y para hacernos capaces de amar mejor.

Y, aunque es muy , la mortificación está muy lejos de ser la principal . Tiene una función de purificación , y, por lo mismo no es un fin en sí misma: nos purificamos para ser más gratos a Dios y disponernos a ser más a la acción del .

La mortificación sólo tiene sentido y valor en un contexto de amor a Dios.

Quien se mortificara por otros motivos -por o vanidad, para sentirse puro, superior, o lo que sea- perdería todo el mérito de su acción, que quedaría vaciada de contenido.

Y la verdad es que tampoco es para tanto… No somos , ni nos sentimos héroes, ni víctimas. Nos parece que es lo menos que podemos hacer por quien ha sufrido tanto por nosotros.

Más sobre la mortificación https://www.anecdonet.com/09/01/la-oracion-del-sacrificio/