atravesaba un período de búsqueda interior. Desde sus días de colegio sentía una fuerte atracción por la , “pero siempre había tenido miedo de ir más allá”. Fue entonces, a raíz de la “”, cuando tomó la de hacerse católica: “Para mí, la encíclica es la prueba de que podía confiar en la Iglesia, de que ésta no se dejaría llevar por los caprichos de la sociedad; de que no sería esclava de la moda”.

(J. Pearce, “Escritores conversos”)