CIELO LÍQUIDO (ANDRÉS, LOLA)

EL GRITO INÚTIL (FIGUERA AYMERICH, ÁNGELA)

ARCO VOLTAICO (GÓMEZ MENÉNDEZ, LLANOS)

ATRAVÉRSAME (VALVERDE LOURIDO, PATXY)

TIERRA AMADA. ESPÍRITU DE PERFECCIÓN (CARO BERNAL, MARÍA VICTORIA)
Siento en estas palabras de ardor místico una resonancia de los versos de Teresa de Ávila o de Juan de la Cruz, o de los sufíes, que buscan la «Espiral arcana», porque en la danza del éxtasis aparece la intuición de la unidad. En tal estado de iluminación sentimental conduce a la adoración del Ser capaz de entretejer los Hilos y extender la red «en nuestro vértigo sin equilibrio». Su amor místico es un anhelo de lo contemplado. El bien intrínseco del alma presume la compañía del Ser amado. La Videncia del Día representa ese designio de envolvimiento y de aliento sensual. La poesía es un don que algunos seres sensibles reciben de la Naturaleza Divina. Me alegro del placer estético de leer las tonalidades líricas de Victoria Caro Bernal. Márcio Catunda María Victoria Caro Bernal (Málaga, 1960) Poeta, actriz y gestora cultural. Licenciada en Filosofía y Ciencias de la Educación y en Arte Dramático. Recibe en 1986 un primer premio de poesía del certamen andaluz «Antonio Machado» de Jaén, con el primer poema que escribe: «Profecía del bien intrínseco del Alma». Dedicado a la Paz. Realiza una intensa labor altruista como gestora cultural en el Ateneo de Madrid, ostentando dos cargos honoríficos en esta entidad, Secretaria de la Sección de Filosofía y Secretaria de la Agrupación de Retórica y Elocuencia.CAFÉ PENDIENTE (GARRIDO LINARES, MARICRUZ)
He visto a Maricruz Garrido, en este libro, reivindicar el honor y su palabra, la sencillez, la empatía, la dificultad y el esfuerzo de la fe, entre otras muchas cosas. Porque este es un libro que reivindica, que no se recrea en la pequeñez personal sino en la colectiva fuerza de la complicidad autor/lectores: condición sine qua non de la mejor poesía. Enrique Gracia TrinidadAMARTE SIN HACHES (NEBREDA TORRALBA, JOSÉ MANUEL)

INFINITIUS (XARGAY MELERO, ESTER)

L’OMBRA DEL MEU COR (BUYSE MAYENCH, MONTSERRAT)

LIBRO DE LA INCANDESCENCIA, EL (HINESTROSA LÓPEZ, JESÚS)
La literatura del poema es nunca poesía. Nunca la poesía es literatura. Nunca. Nunca el poeta dejará de ser la ceniza impetuosa del latido que aguijonea un recuerdo. Siempre el poema derroca el tufo de la muerte mineral, lo insensibiliza, pero nunca el cantor niega o contradice su miedo. Así el lector también es ceniza que vuelca su aliento de barro en la oscura inmensidad del verso cálido. No. No hay espejo mejor que el alarido del fuego. Hermano. Si osamos vislumbrarnos en él, en la diaria oquedad gutural de sus fiebres cautivas y quién si no el poeta amargo, lúbrico y fatídico, ha de ofrecerse para tal desvarío, el rojo en lenguas rotas de la sangre se traga nuestro odio, que todo lo comprende, y la alegría gangrenada de besos y espadas aumenta el instante infinito del alma que muere, que muere porque estoy vivo, y canto, y lloro en silencio, entre las sombras perfectas porque bebo el miedo en palabras de la fuente clara de este mediodía fatuo: la poesía de insolente futuro. El fuego me dictó en noches de frío, de almizcle, de azotes, de tierra, El Libro de la Incandescencia. Porque el fuego es como yo, no agacha nunca la cabeza, no le chupa el culo a nadie, no desenreda amigos o enemigos, mazmorras o conserjerías, becerros o dioses, no mastica corrupción ni alardea decadencias de mentira, no trivializa la miseria, la dulzura, el espanto, la euforia, no destroza en la memoria la asquerosa vanidad del paso de los años, del pozo de los corazones. Aquellos poemas hoy tienen ya su papel y su tinta, por fin; personajes grisáceos interrogan mis carnes en busca de rencor. Nada de nada. Lo siento, pero no. No me arrebata pesar alguno publicar un poemario escrito muchos años atrás; las circunstancias o el azar mandan sobre todo, sobre todos: cántico de lo inmutable. El Libro de la Incandescencia: 2006, no obstante reverbero 2011 (nocturno); qué más da si lo esencial (eternidad) despunta en racimos multicoloridos de jugosa miscelánea que se desplaza muy cruelmente del culteranismo a las fronteras del haiku, penetrando negras uvas simbolistas y aplicando aceites corporales y engrudo y savia mugiente que chorrean por supuesto de Rimbaud, maestro mágico, y anzuelos de titanio con jocosa anatomía de hilo musical gongorino, dentro de océanos casi sin muerte, dentro de esferas de cristal morado, y cataratas de social antisocialidad, de frágil aire de capitalismo y sésamo, y betún del sexo contrario con pimentón de infiernos tan blandos, tan duros, revelaciones etéreas para el calor de Enrique Molina, y puntillistas acusaciones de Nada bajo el necio cobijo de mi ensordecedora ortografía: Todo. Lo que siempre empieza el poema es un final ahorcado de sí, náufrago aterido de dolor mientras cogollos de negrura acuosa martirizan su torpe materia; lo que leemos cuando el poema está sobre nosotros es lo que nunca empieza, una raspa de acero en la garganta, un arpa de orquídeas venenosas porque comprender el poema es anular el incendio. Y luego de lo comprendido nada es como antes. Las calles verdes, los amigos sucios, pero bellos, pero simples, sólidos, el dormitorio sin intensidad, la olla en lo palpable, el infortunio tras el video en Internet del último decapitado, y un largo estómago saturado de avernos. Jesús Hinestrosa.DONDE MENOS SE PIENSA SALTA EL GATOLIEBRE (FEDERICO J. SILVA)
Respetables colegas, y público en general, no hay más poética que el poema: obras son amores. ¡La expresión, dios, la expresión! Por otra parte, la escritura ha empezado a perder para mí algunos de sus misterios: la poesía se escribe cuando se puede y sólo confío en preacticarla con rigor -guárdate, Fabio, de poeta que no borra-, y honestidad. La literatura es algo que no siento de manera especial en mi vida. Es mi forma de ser y mi forma de estar aquí y ahora. No es una parcela privilegiada, sino un continuum absolutamente natural. Como Vallejo tengo la convicción de que hay que ser poeta hasta el punto de dejar de serlo. En ocaciones, quiero escribir, pero me sale espuma. Entonces cierro el cuaderno. Desprecio la poesía a la que se nota el truco y el poema -como escribió Lihn- lleno de cartas marcadas. ¡ay, la prueba de la situación! Detesto la poesía escrita con la mano ensimismada de Onán, la poesía contemplativa del autista, la poesía clónica, el fotocopiado ad nauseam, el pensamiento débil y la vacuidad. Hágase la Paz: "Cantan los pájaros, cantan/ sin saber lo que cantan:/ todo su entendimiento en su garganta". Parafreando a Salinas, la galería de escribidores es copiosa, y creo que es saludable que así sea. Los prestigios del momento no me interesan porque todo fluye. Y sólo puedo desear que sigan dando recitales, ganando premios y -como pide Monterroso- sean editadas sus obras por el Estado a todo lujo, empastadas en piel y con ilustraciones. Ah, y que yo las lea.AZOGUE (CECILIA DOMÍNGUEZ LUIS)
De niña me atraían la magia y los espejos y durante mucho tiempo envidié a Alicia, esa niña algo tonta que pudo pasar al otro lado y regresar. Hoy me siguen atrayendo, igual que la vida, a pesar de todo.

