RAZONES PARA EL OPTIMISMO (2)

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RAZONES PARA EL OPTIMISMO

El sol siempre está por encima de las nubes.
El PESIMISMO es un síntoma de enfermedad (y de ver sólo una parte de la realidad). Mientras hay vida hay esperanza.
Sigue un argumentario del Optimismo…

Hay
muchas razones para ser optimistas

 

 

IESE   Morgan
Stanley en su Global Economic Forum del 8 de marzo ofrece una visión
más optimista
a medio plazo de lo que leemos por aquí  acerca de la
economía española -aunque es menos optimista que nuestro gobierno, claro.

             La
economía está creciendo (aunque poco). 
             Se
han tomado medidas para fomentar el empleo (reforma laboral).
             La
burbuja inmobiliaria está ya corregida, aunque los precios seguirán
bajando (?).
             La
productividad mejora y los costes laborales están contenidos
(pero a ver qué pasa con el repunte de la inflación).
             El
sector privado se está desapalancando, o sea, reduciendo su
endeudamiento.

            El
sector público se ha apretado el cinturón.

             La
legislación sobre las cajas está en marcha, aunque necesitarán bastante
capital.

No lanzan las campanas al vuelo, pero, al
menos, corrigen lo que consideran un punto de vista demasiado negativo entre
los analistas
.

  

Dios cree en el hombre

Las crisis económicas son una caja
de sorpresas espirituales
.

Se puede observar en Burgos el fenómeno del convento de clarisas de Lerma. No se
había visto algo parecido desde el Medievo. Unas 160 monjas jóvenes que
han ofrecido su vida a Dios para intentar mejorar esta humanidad que se
debate en un materialismo estúpido. Dicen que le estupidez es un defecto que
acompaña al individuo mientras viva. Diríamos que se trataría de una estupidez
crónica. Pero conozco a estúpidos que han dado una vuelta a su vida como si
fuera un calcetín zurcido. La mayoría de esas jóvenes de Lerma eran chicas, o
son, chicas de hoy. Vivían disfrutando de ese carrusel que es la vida moderna,
con sus altibajos y siempre dando vuelta al mismo vacío. Pero Dios les salió al
encuentro y le tomaron la palabra. Es realmente un caso de libro. Hasta el
punto que el Vaticano está estudiando el fenómeno.

Dice Justo Mullor en el
libro publicado hace veinte años por el Nuncio español Justo Mullor, y que
lleva por título “Dios cree en el hombre”: La campánula frágil y pasajera de
la mentira penetra en el alma y la vida mientras que, al mirar sus espinas,
pocos son los que osan coger la recia y liberalizante rosa de la verdad
(Patmos,
Pág. 49). Siempre se ha dicho que no hay rosa sin espinas, pero esa es una
visión muy negativa de la vida. ¿Hemos pensado que también las espinas pueden
tener rosas? Es verdad que hay cruz y esfuerzo por el camino de Dios, pero no
es menos verdad que ese camino está jalonado de simpáticas flores que nos
sonríen al pasar.

Hay que arrimar el hombro.
El mundo tiene necesidad de santa violencia para repeler la agresión del mal
que le acecha. Lo estamos viendo: matrimonios rotos; niños sacrificados en el
altar del egoísmo; jóvenes perdidos en la selva de la modernidad, en el
laberinto angustioso de eso que llaman movida; altares levantados a los dioses
del nuevo paganismo; una fe sin vida; una vida pasto del alcohol, la droga y el
sexo deshumanizado… 

           
Pero en medio de esta estepa desolada, de esta selva negra, está Dios que sigue
creyendo en el hombre. Y nos ofrece una salida digna, una nueva oportunidad.
Nos pregunta: ¿A dónde quieres ir? Y nos recuerda “Yo soy el Camino,
la Verdad y la Vida”
  
No es verdad que esté el hombre perdido. Por encima de
los programas alienantes, de los planes laicistas, y del “forraje” que ofrecen
a manos llenas a un pueblo desalmado, está Dios, que nos tiende la mano y nos
invita a mirar hacia arriba. Es posible modelar un barro que todavía conserva
la humedad de los buenos sentimientos. Y por eso no hay lugar para el
pesimismo. Dejar a Dios ser Dios, y al hombre ser hombre, masculino o
femenino, pero hombre, ser humano, de verdad.

Aunque
parezca que el mundo está tomado por el enemigo, que satán es el caudillo que
impera, que su imagen, su mirada ondea permanentemente, sabemos algo por fe:

  

LA VICTORIA ES DE CRISTO

Son estos momentos de penumbra.

 

Apuntarse
al bando victorioso ahora es lo que hace mucha gente… es lo más fácil. Todos
sabemos que hacer las cosas bien por que así está previsto es difícil. Es
complicado. Llena de alegría.

 

CS
Lewis decía:

En
la segunda guerra mundial, los franceses, contemplaron cómo les invadía
Alemania, gran vencedor, por lo que se podía vislumbrar… Los aliados estaban
aconejados en sus madrigueras.

Lo
razonable hubiera sido apuntarse con los alemanes.

Pero
no: se apuntaron con los aliados. Fue una apuesta valiente, que probo ser
absolutamente meritoria. El apuntarse ahora al ejército de Cristo, tiene ahora
un valor increíble. Cualquiera se apuntará cuando venga el Salvador, ya
triunfal… pero será demasiado tarde.

 

La
realidad está compuesta de muchas pequeñas maravillas. El mismo hombre es como
un microscopio: si el hombre está limpio, podrá ver esas realidades; si no las
verá borrosas, como si se las imaginara…

 

Naciones horribles tienen
religiones horribles por que han caminado con lentes sucias…

Ser optimistas es una elección consciente e inteligente que nos
favorece
.

El
apuntarse a la FE, tiene sus consecuencias. Están buscadas: hay un reajuste en el uso del tiempo, de acuerdo
con nuevas prioridades

.

 

1. Dios. Si quiero descubrir el
auténtico sentido de la vida lo dedicaré en mayor medida a Dios, Padre y
Creador. No como un proyecto que realizaré algún día, sino como una realidad de
trato personal y estable. Se concreta en oración (vocal y mental) y sacramentos
(confesión y comunión).

  

2.
Los demás:
en primer lugar a mi cónyuge y
luego a los hijos (conservando la iniciativa, como corresponde a los padres).
La vida en familia. Luego los amigos, empezando por mis amigos de verdad…
tiempo y trato también para ellos. En
la esfera personal y familiar, esta situación nos servirá para transmitir a
nuestros hijos el valor del esfuerzo, del ahorro, del coraje, de la contención.
Estamos, o al menos así lo intento vivir, ante una ocasión única para reordenar
la escala de valores que teníamos tan desbaratada, para intentar prescindir de
un entorno que nos empujaba a una carrera loca donde lo que no tenía precio no
tenía valor, donde exigimos más que nos esforzamos. Y donde también olvidamos
la necesidad de volver la vista hacia los más débiles. 

 

3. Yo mismo:
cuidar mi alma, detectar lo que me da o me quita la paz. Lo que me descansa, mi
ejercicio o deporte… Comer bien. Procurar dormir bien. 

Admitir
que el trabajo es importante, PERO NO TANTO.

Tener razón no es tan importante:
no me debo enfadar de normal.

1) Vivir con la conciencia de saber que hoy puede ser mi
último día de mi vida, y si fuese así como voy a abordar todo lo que me suceda
en el día.

2) Encontrar una misión en mi trabajo.

3) Tener amigos en mi trabajo, en la vida, es decir tener
Amor.
Para que me den una buena palmadita en la espalda en esos días que no
salen las cosas.

Una situación de crisis te
impulsa al examen de las causas próximas y remotas… 

 Ver lo que realmente sobra; lo
que de verdad duele…
el dolor del infarto  ayuda a cambiar hábitos: dejar de fumar, dieta dura, excesos
descontrolados que se evita. No caeremos en tanta tentac. De fumar y comer mal.

Crisis de conciencia. Hace falta una economía con alma.

Innovaciones, nuevas maneras
de resolver problemas.

Explosión de solidaridad,
pues hay emergencias sociales nuevas necesidades… no podemos encogernos de
hombros.

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