Ya lo dijo Baudelaire: La mayor astucia del demonio es la de hacer creer que no existe. El diablo trabaja mejor con la ingenuidad.

El culto al demonio

Está creciendo en todo el mundo.

En España se practican cada año entre ocho y diez exorcismos

José Antonio Fortea, sacerdote y uno de los exorcistas oficiales que trabajan en España con autorización de la jerarquía eclesiástica, aseveró hoy que cada año se realizan unos ocho o diez nuevos exorcismos en las distintas diócesis españolas, y que esta práctica está creciendo en todo el mundo.


El exorcista Fortea, que participó hoy en una rueda de prensa tras la presentación a los medios de comunicación de la película ‘El exorcismo de Emily Rose’, explicó que tras una larga etapa en la que la práctica del exorcismo desapareció casi por completo de Europa y los Estados Unidos, en los últimos veinte años la Iglesia católica ha vuelto a bendecirla y practicarla ante el progresivo aumento de casos de posesión diabólica.

El caso de Anneliese Michel, joven católica de origen bávaro, fallecida en 1976, a la edad de 23 años, como consecuencia de una avanzada desnutrición y deshidratación tras haber abandonado los tratamientos médicos y sustituirlos por un exorcismo, son los hechos reales en los que se ha inspirado el director Scott Derrickson para llevar al cine ‘el exorcismo de Emily Rose’.

Para Fortea, esta es la primera película que trata de mostrar la dualidad de interpretación que tiene todo exorcismo, consiguiendo mostrar ‘unos hechos que pueden ser interpretados desde una postura racionalista o desde la fe’.

Distribuida por Sony Pictures, la película, dice José Antonio Fortea, agradará tanto a los creyentes como a los no creyentes, porque supone una narración de los hechos tal como pueden ser vistos desde las dos posiciones mencionadas, y serán los espectadores ‘los que tendrán que dar una sentencia ante el juicio de la razón y la fe’.

Precisamente, el guión -aunque no se ajusta plenamente a la realidad de los hechos que inspiran la cinta, e incluso se desarrolla en los Estados Unidos y no en Alemania- narra el juicio al que fue sometido el padre Richard Moore (el actor Tom Wilkinson), que practica el exorcismo sin éxito.

Tanto el sacerdote como los padres de Emily, llegan a la conclusión de que los tratamientos médicos con los que la chica está siendo tratada no sirven, y coinciden en que está poseída por espíritus malignos, por lo que se efectúa el rito de exorcismo con el permiso de la jerarquía de la Iglesia.

En el juicio, el fiscal (Campbell Scott) difiere de este criterio apoyado en la evaluación de algunos médicos que concluyeron que Emily sufría de epilepsia y de alucinaciones causadas por ambas enfermedades.

La defensa (Laura Linney), por su parte, busca también la opinión médica para probar que el exorcismo practicado a Emily por el párroco pudo fallar debido al medicamento que la chica tomaba, y ve progresivamente durante el juicio tambalearse su agnosticismo para empezar a aceptar la tesis de su defendido de que se están enfrentado a un caso de origen sobrenatural.

En la rueda de prensa, Fortea explicó que la posesión diabólica sólo afecta a personas que participan en sesiones de espiritismo, magia negra o en determinadas prácticas de la ‘new age’ en la que se invocan a los demonios.

Precisamente, agregó el exorcista, el auge que han tomado tales prácticas en algunos sectores de la sociedad y en una parte importante de la juventud, están desembocando en casos de posesión que deben ser tratados con exorcismos al no encontrar solución en la siquiatría.

José Antonio Fortea dijo también que el país con más casos de posesión es Haití, detectándose asimismo numerosos casos en Latinoamérica, concretamente en Brasil, y algunas regiones africanas del interior, y que en todos los casos los síntomas son similares.

Señaló también que Italia es el país donde existen más exorcistas, la mayoría en la ciudad de Roma, y que en España hay cinco con el permiso de la jerarquía eclesiástica.

Terra Actualidad – EFE

14-11-2005

El teólogo José Antonio Sayés habla para «Alfa y Omega»

«Al perderse la fe, ha vuelto el miedo a los demonios»

José Antonio Sayés, profesor en la Facultad de Teología del Norte de España (Burgos), es autor de la obra «El demonio ¿realidad o mito?», recientemente publicada, y de la que, en su momento, ya informó «Alfa y Omega» Es esta época más satánica que otras? ¿No supone esto un contraste con la poca credibilidad que, incluso algunos teólogos, dan a la doctrina de la Iglesia sobre el demonio? No hay duda de que el tema del demonio se ha puesto de moda en los últimos años. Bastaría consultar la bibliografía en italiano o en inglés para percatarse de ello. Pero el fenómeno abarca incluso a la cultura popular. Hay un tipo de rock que está infectado del mismo. En Turín, la ciudad más industrializada de Italia, se calcula que hay más de 40.000 personas dedicadas al culto satánico, y no podemos olvidar que en España se calcula que existen más de 100 sectas demoníacas, según un experto en el tema de las sectas. No se puede negar, por tanto, que, al menos en España, nunca había ocurrido un fenómeno semejante. Entre las causas del fenómeno actual (búsqueda de morbo, ansia de poder, búsqueda de experiencias nuevas, etc…), señalaría sobre todo la pérdida de la fe. Decía el cardenal Ratzinger que fue el cristianismo el que quitó el miedo a los demonios, y ahora, al perderse la fe, el miedo vuelve de nuevo. Y es que el terreno que se quita a Cristo no queda como un campo neutral, sino bajo la influencia del príncipe de este mundo. Es cierto, sin embargo, que muchos teólogos no creen en el demonio; pero lo hacen normalmente por ignorancia (en España se ha escrito muy poco), o por prejuicios. El testimonio de la Biblia y de la tradición sobre el demonio es impresionante. Dentro del satanismo, hay afirmaciones que constituyen dogma de fe, y otras que son adorno de la tradición popular. ¿Pueden separarse? ¿Qué credibilidad merecen estas tradiciones? Efectivamente, una es la enseñanza de la Iglesia, y otra la tradición popular. El magisterio de la Iglesia se pronunció sobre la cuestión en el Concilio de Braga (Portugal), en el año 561. La existencia del demonio es dogma de fe declarado por el Concilio Lateranense IV (1215): Los ángeles fueron creados buenos, pero se hicieron malos por su rebelión contra Dios. En el mismo sentido hay un documento de la Congregación para la Doctrina de la Fe del año 1975. Generalmente se desconoce el hecho de que el Vaticano II habla del demonio en 18 ocasiones. El tema está también muy presente en el magisterio de los dos últimos Papas (Pablo VI tiene una catequesis profundísima sobre el tema), y no podemos olvidar que el nuevo Catecismo aporta la síntesis de la fe de la Iglesia. En resumen, la Iglesia viene a enseñar que el demonio es un ángel creado que se apartó de Dios, que tiene un poder superior al hombre, de modo que puede inducirle al mal por la tentación. La Iglesia admite también la posibilidad de la posesión diabólica. Todo esto no tiene nada que ver con las tradiciones populares que presentan al diablo con cuernos y tridente. Este tipo de representaciones han hecho, más bien, daño a la fe. La Iglesia no admite respecto al demonio una visión maniquea de poner al mismo nivel el poder del bien y del mal. ¿Cuáles son los verdaderos poderes de Satanás? Precisamente, las intervenciones del magisterio anteriormente señaladas son posiciones contra el maniqueísmo: la concepción de dos principios iguales e increados, el del bien y el del mal. La Iglesia afirma del demonio que es una criatura y, por tanto, poseedora de un poder limitado. Por otro lado, el diablo está vencido por Cristo. El cristiano, que se acerca a Cristo por la oración y los sacramentos, ha de vivir sin miedo. Solos no podemos, pero con la gracia de Cristo podemos vivir en la paz y la alegría que Dios quiere. Las posesiones diabólicas son muy escasas (particularmente entre bautizados). ¿Por qué son tan peligrosos el ocultismo, las magias y las astrologías? ¿Hay indicios de satanismo en la new age? El evangelio deja claro que los espíritus del otro mundo no pueden intervenir en éste. Por tanto, si en juegos como la ouija aparecen fenómenos inexplicables, hay que atribuirlos al que realmente puede intervenir, que es el diablo. Es un juego peligroso la ouija. Desconozco si en la new age hay una particular dedicación al diablo, pero tengo clara una cosa: de ser yo el demonio, no haría posesiones diabólicas que, en este mundo descreído, inducirían a creer. Trataría de hacer pensar a los sacerdotes que la oración y la fidelidad no son tan necesarias como se decía en otro tiempo. Y metería la confusión en la Iglesia. Ya lo dijo Baudelaire: La mayor astucia del demonio es la de hacer creer que no existe. El diablo trabaja mejor con la ingenuidad.
Y ahora este artículo extraído de
Con Cristo nada ni nadie puede dañarnos… si nosotros no lo deseamose

En su comentario al Evangelio de la liturgia del domingo –primero de Cuaresma– (Mt 4,1-11), el padre Raniero Cantalamessa, predicador de la Casa Pontificia, pone en guardia sobre la acción del demonio y recuerda que Jesús, el único Señor, nos libera de Satanás, pues le ha vencido.

Roma, 11 de febrero de 2005.

Mateo (4,1-11)

Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo. Y después de hacer un ayuno de cuarenta días y cuarenta noches, al fin sintió hambre. Y acercándose el tentador, le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes». Mas él respondió: «Está escrito: “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”». (…) Entonces el diablo le dejó y he aquí que se acercaron unos ángeles y le servían.

Hoy el demonio, el satanismo y otros fenómenos relacionados son de gran actualidad, e inquietan no poco. Nuestro mundo tecnológico e industrializado pulula de magos, brujos, ocultismo, espiritismo, habladores de horóscopos, vendedores de hechizos, de amuletos y además de auténticas sectas satánicas. Expulsado por la puerta, el diablo ha vuelto a entrar por la ventana. O sea, expulsado de la fe, ha regresado con la superstición.

El episodio de las tentaciones de Jesús en el desierto nos ayuda a poner un poco de claridad. Ante todo, ¿existe el demonio? ¿La palabra demonio indica verdaderamente una realidad personal, dotada de inteligencia y voluntad, o es sólo un símbolo, un modo de hablar para indicar la suma del mal moral del mundo, el inconsciente colectivo, la alienación colectiva, etcétera? Muchos, entre los intelectuales, no creen en el demonio entendido en el primer sentido.

Pero se debe observar que grandes escritores y pensadores, como Goethe y Dostoevskij, se tomaron muy en serio la existencia de Satanás. Charles Baudelaire, que no era ciertamente de una raza de santos, dijo que «la mayor astucia del demonio es hacer creer que no existe». La prueba principal de la existencia del demonio en los Evangelios no está en los numerosos episodios de liberación de obsesos, porque al interpretar estos hechos pueden haber influido las creencias sobre el origen de las enfermedades. ¡La prueba verdadera está en los santos!

Y Jesús, que es tentado en el desierto por el demonio, es la confirmación evidente de ello. La prueba son también los muchos santos que lucharon en la vida con el príncipe de las tinieblas. No son unos «don Quijote» que lucharon contra molinos de viento. Al contrario, son hombres muy concretos y de psicología sanísima.

Si muchos encontraron absurdo creer en el demonio es porque se basan en libros, pasan la vida en las bibliotecas o en el escritorio, mientras que al demonio no le interesan los libros, sino las personas, especialmente los santos. ¿Qué puede saber de Satanás quien nunca ha tenido que ver con la realidad de Satanás, sino sólo con su idea, esto es, con las tradiciones culturales, religiosas, etnológicas sobre Satanás? Esos tratan habitualmente el tema con gran seguridad y superioridad, liquidando todo como «oscurantismo medieval».

Pero es una falsa seguridad. Como quien se jactara de no tener miedo alguno del león, aduciendo como prueba el hecho de que lo ha visto muchas veces pintado o fotografiado y nunca se ha atemorizado.

Por otro lado, es del todo normal y coherente que no crea en el diablo quien no cree en Dios. ¡Sería hasta trágico si alguien que no cree en Dios creyera en el diablo! Lo más importante que la fe cristiana tiene que decirnos no es sin embargo que el demonio existe, sino que Cristo ha vencido al demonio. Cristo y el demonio no son para los cristianos dos príncipes iguales y contrarios. Jesús es el único Señor; Satanás no es sino una criatura «echada a perder». Si le es concedido poder sobre los hombres es para que los hombres tengan la posibilidad de hacer libremente una elección de campo y también para que no «se ensoberbezcan» creyéndose autosuficientes y sin necesidad de ningún redentor.

«El viejo Satanás está loco», dice un canto espiritual negro. «Ha disparado un tiro para destruir mi alma, pero ha errado la puntería y ha destruido en cambio mi pecado». Con Cristo no tenemos nada que temer. Nada ni nadie puede hacernos mal, si nosotros mismos no lo deseamos. Satanás, decía un antiguo Padre de la Iglesia, tras la venida de Cristo, es como un perro atado en la era: puede ladrar y abalanzarse cuanto quiera; pero si no somos nosotros los que nos acercamos a él, no puede morder. ¡Jesús en el desierto se liberó de Satanás para liberarnos de Satanás!

Otra noticia inquietante:

Las iglesias noruegas refuerzan su seguridad ante el día del diablo

Las iglesias noruegas han informado que reforzarán su seguridad por el miedo a que la comunidad satánica organice incendios rituales el próximo martes, 6 de junio (06-06-06), día del diablo. Por ello, al organización patronal para eclesiásticos noruegos (KA, en noruego) ha pedido a los responsables de las iglesias de todo el país ser más cautelosos ese día, fecha que sólo se repite una vez cada centuria.

«Sólo indicamos la existencia de un riesgo potencial», dijo un representante de la organización al diario Vaart Land. El colectivo ha advertido, en una circular interna dirigida a coadjutores y consejeros parroquiales, del riesgo de la quema de iglesias y destrozos en cementerios. «La fecha es especial», dijo a la cadena de televisión noruega Nrk, el coadjutor de la iglesia de Bergen, Gunnar Vik. Vik expresó, a ese medio, que «es mejor prevenir que curar; en estos tiempos del código Da Vinci y con los números que circulan, es posible que alguien se exceda».
 
La comunidad satánica noruega, vinculada a la extrema derecha y a la música «black metal», prendió fuego a siete iglesias en 1992, entre las cuales se encontraban, la reliquia histórica de Fantoft, en Bergen y la capilla de Holmenkollen, en Oslo. La policía no atrapó a los autores hasta un año después.

La organización sugiere como medidas preventivas que las papeleras, basura y otro material inflamable sea alejado de las fachadas de las iglesias. Propone, también, cortar la vegetación alrededor, cerrar con llave las puertas y ventanas, dejar las luces de noche encendidas y comprobar el buen funcionamiento de los extintores y las alarmas anti-incendios.

Otra noticia inquietante: