CUANTAS COSAS QUE NO NECESITO (CONSUMISMO, POBREZA CRISTIANA)

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  1. Marionetas teledirigidas
    o la tentación de decir que no

 

Hablaba con un compañero de la última factura
de teléfono. Descabellada, a pesar de todos mis intentos de reducir gastos.

 –       Me he borrado de la factura on
line
: quiero ver mis números. – le decía.

 –       Yo la recibo en papel, pero tengo tantos papeles que ver que ni la
miro. – respuesta lacónica.

– 

      Y sorpresa, sorpresón – le participo mi descubrimiento – cada vez que
he tocado sin querer la tecla e-moción (puesta en un lugar
conspicuo para que se toque sin querer), pam!, un euro. Total 13 euros este
mes.

 

Mi siguiente paso fue llamar a mi compañía y
pedir la desactivación del servicio gratuito e-moción. Después de un intercambio
de preguntas de identidad y de dar razones, con tiempo y cambio de operadores,
por fin me comunicaron que ya estaba dado de baja en dicho servicio pero que
debía ir a mi tienda Movistar más
cercana para la desactivación de la tecla en el móvil (que hice, pero que no
supieron conseguir).

Antes de acabar, el taimado comercial me hizo
el siguiente razonamiento:

 –       Como veo que usted es cliente nuestro desde hace 8 años, queremos
premiar su fidelidad. Desde el 15 de este mes ya puedes pedir tu móvil gratis en
Telefónica. Es tu premio.
 –       No lo necesito, gracias (esa fue mi tentación, pero no la dije;
confieso que sólo dije la última palabra).
 CONTINÚA…

Desde entonces no he parado de mirar a mi ex-apreciado móvil. Me viene con frecuencia la oferta a la cabeza, que me vincula (esclaviza) a la compañía que me ha estado engañando durante tanto tiempo con lo de e-moción (por lo menos). Mi móvil ha perdido valor en mi mente (como un coche del que sacan un modelo más avanzado), pero aún lo quiero, por que me da todo el servicio, por que es el único que tengo, símbolo de mi libertad e independencia relativas…En la sociedad del consumo para una persona sin formación la información es una tentación irresistible.Y me pregunto si esto se extiende a otros campos y si seríamos capaces de construir una estrategia para acostumbrarnos a decir que no.
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