En 1891, el papa León XIII publicó la encíclica Rerum novarum, uno de los textos fundamentales de la Doctrina Social de la Iglesia. En ella defendió el derecho de los trabajadores a formar asociaciones para proteger sus intereses y mejorar sus condiciones laborales.

La Iglesia no inventó los sindicatos: ya existían organizaciones obreras de distintas corrientes antes de 1891. Pero sí desarrolló una doctrina propia sobre la cuestión obrera y promovió asociaciones de trabajadores de inspiración cristiana.

Además, Rerum novarum abordó cuestiones como el salario justo, la dignidad del trabajador, el descanso, las condiciones laborales y la limitación de la jornada.

Por eso, cuando se afirma que «los sindicatos no sirven para nada» o que la defensa de los trabajadores pertenece exclusivamente a una determinada ideología, conviene recordar la historia.

El movimiento obrero tuvo muchas corrientes: socialista, anarquista, liberal, cristiana, mutualista… Y la Iglesia también tuvo su propia tradición de defensa de la organización de los trabajadores.

La Doctrina Social de la Iglesia no nació ayer. En 1891 ya hablaba de trabajo, derechos, asociaciones obreras y dignidad humana.

«Los trabajadores cristianos […] constituyan entre sí sus propias sociedades».

— León XIII, Rerum novarum (1891)