Termina ahora el viaje del Papa a Sri Lanka y ya le echamos de menos, después de unos días marcados por la alegría y la unión entre todas las razas, culturas y religiones, en un país donde la diversidad es una de las notas más características. Ha sido una explosión de color y entusiasmo. Sri Lanka ha mostrado lo mejor de ella misma: la cordialidad, la hospitalidad y el afán de servicio han marcado el clima de las calles durante estos días.

El Papa ha llegado en un momento histórico, tras las elecciones de la semana pasada, que han dado lugar a un cambio de gobierno y, con ello, a un clima de esperanza en la nueva etapa que se inicia. El martes, a su llegada al aeropuerto, el Papa Francisco fue recibido por el recién nombrado Presidente del país: él y todos los que le recibieron son fervientes budistas, pero han manifestado un gran respeto y cariño ante esta visita, valorando la posibilidad de saludar al Santo Padre.

La acogida fue muy cordial y en la pista de aterrizaje estaban formados los cuerpos del ejército y grupos folklóricos de las distintas etnias, que le dedicaron algunos bailes, ataviados con los vistosos trajes típicos. También grupos de niños con sus profesores, entre los que destacaban las niñas musulmanas vestidas con sus velos blancos. No podían faltar los coros (en Sri Lanka hay una gran tradición de grupos corales), tampoco faltaron los tambores, ni ¡los elefantes!; todo muestra aspectos característicos de la isla y dio una nota exótica a la bienvenida.

Las calles habían sido organizadas –llevamos meses de preparación en cada parroquia– y cada centímetro estaba asignado a algo o a alguien; de modo que, en los casi 40 Km. de recorrido hasta la Nunciatura, no había ni un hueco libre. El Papa salió del aeropuerto atravesando un pasillo que formaban 40 elefantes, que los grupos budistas se habían encargado de engalanar para darle la bienvenida, como se acostumbra a hacer con los grandes dignatarios. El recorrido en Papamóvil, que duró unas dos horas, fue salpicado por frecuentes bendiciones a enfermos, niños y grupos de colegios. Parroquias y coros cantaban y tocaban a su paso, perfectamente uniformados: lo cual tenía mucho mérito porque el calor aumentaba por momentos.

El Papa debió llegar muy cansado, por lo que el Cardenal de Colombo salió a la puerta del Palacio Episcopal y avisó a la multitud que el acto previsto para la comida se había suspendido, para que pudiera descansar. Aún no se sabía si podría continuar con el plan de la tarde, pero nadie se desanimó y todo el mundo se mantuvo en «sus puestos», por si acaso. A las 16:30 h. se reanudó el plan previsto con la visita a la casa del Presidente y a continuación el acto interconfesional. Como anteriormente, todos los recorridos estaban llenos de gente.

Un viaje en tuk-tuk

El acto interreligioso tuvo lugar en el Palacio de Exposiciones y Congresos de la ciudad (BMICH); se había adornado la entrada con un gran frontal con los símbolos de las cuatro religiones del país y, en la avenida de acceso, había grupos ataviados con los distintos trajes típicos que le recibieron con bailes, y ¡cómo no! con tambores. Yo estaba en la entrada con multitud de gente, entre ellas, una familia con una señora en silla de ruedas. Su hija me contó que eran de una población a las afueras de Colombo y como su madre le había pedido ver al Papa, ella pidió permiso en el trabajo y viajó en tuk-tuk –una especie de moto/taxi típico de aquí– hasta Colombo (cosa nada sencilla si llevas a una persona en silla de ruedas). Allí estaban para recibir la bendición del Santo Padre, y ¡lo consiguieron!, con gran alegría de todos.

Era fascinante la colaboración que reinaba en el ambiente; los policías cumplían con su misión pero se implicaban en ayudar y procuraban facilitar las cosas; incluso después de pasar el Papa te preguntaban si habías conseguido verle bien.

En la Nunciatura siempre había grupos de gente esperando, y allí nos íbamos haciendo conocidos unos de otros. Una de las personas más asiduas en este puesto era un hombre que nos contó que había preparado, por iniciativa personal, durante los meses anteriores, una vajilla de cerámica para que pudieran servir la comida al Papa durante su estancia en el país. Nos enseñó la foto de lo que había entregado ya en la Nunciatura: unos platos y jarras muy coloridos. Ahora venía cada día sólo para sacar fotos y seguir rezando por Francisco durante el rato que esperaba en la puerta.

La Misa en Galle Face Green –con la canonización de Joseph Vaz–, del día 14, era el acto principal del viaje y en el que participarían personas venidas de todas partes del país. El país es pequeño pero, por las condiciones de las carreteras y transportes, los desplazamientos son complicados. Se había organizado un sistema de trenes para viajar, con un horario muy bien calculado. Desde la tarde anterior se podía entrar en el recinto –maravillosamente decorado–, aunque había un exhaustivo registro de cada persona que entraba o salía, lo que provocó un gran atasco a las horas puntas.

Siete horas de pie para una ceremonia con muchos no católicos

La Misa tuvo lugar en un amplio paseo frente al mar, que está en el centro de Colombo. A partir de las 6 de la mañana ya había llegado todo el mundo y empezaron las oraciones. A las 8:30 comenzó la Misa, después de un recorrido del Papamóvil por los diversos cuadrantes. La gente iba muy arreglada, bastantes de blanco, que es el color que se emplea para asistir a ceremonias. No parecía importar el calor. Como no había sitio suficiente, se recomendó no llevar sillas y todo el mundo permaneció en pie durante horas, sin una queja. Nuestro grupo llegó a las 4 de la mañana y estuvimos en pie hasta que acabó la Misa a las 11. Sólo importaba ver al Papa y rezar. La mayoría de asistentes eran católicos pero había también muchos no católicos y no cristianos.

La liturgia estuvo muy cuidada. En una zona central de la avenida principal se dispusieron unas casitas con cuatro puertas; en un lado se guardó al Santísimo para la comunión y las otras tres puertas eran, cada una, un confesionario, con sacerdotes que hablaban distintos idiomas (Sinhala, Tamil, Inglés).

Al entrar en el recinto de la ceremonia daban a cada persona un rosario y un folleto con los cantos que, aunque estaban escritos en el idioma original, venían al lado escritos en letras «normales», para que todos pudiéramos cantar. Los coros preparados para la Misa fueron especialmente bonitos, hubo muchos cantos al ritmo de tambores, ¡precioso! La ceremonia fue alternando las tres lenguas oficiales (Sinhala, Tamil e inglés) y el Papa celebró en latín algunas partes.

Una plegaria muy conmovedora por la paz y la unión de todos los credos

Acabó de manera muy emotiva, con un discurso del Cardenal de Colombo dando las gracias al Papa por su viaje y por habernos regalado un nuevo santo. Le pidió oraciones y bendiciones para que lleguemos a construir la paz, la reconciliación y el progreso que la sociedad necesita en este momento en que el proceso de paz, después de tantos años de guerra, todavía está afianzándose.

Por la tarde, el Santo Padre fue en helicóptero a Madhu; un Santuario de la Virgen en el norte del país al que tienen especial devoción los tamiles. Esta Virgen tiene muchas historias, también en relación con la reciente guerra, cuando incluso la imagen fue «secuestrada» por los terroristas (quizá para que la Virgen «estuviera de su parte»).

Los tamiles son mayoritariamente hindúes o católicos. Se veía al Papa encantado de visitar el santuario y fue recibido con gran folklore por la población de esa zona, que no había podido asistir a los actos en Colombo. Se notaba que todavía quedan muchas secuelas de la guerra y que reina una gran pobreza (los últimos combates fueron en esa zona). El Papa hizo una plegaria muy conmovedora por la paz y la unión de todos los credos y razas, e insistió en unirse para reconstruir el país y perdonar; recordándoles que la Virgen perdonó a los que mataron a su Hijo.

Por la noche, vuelta en helicóptero a la Nunciatura y, por supuesto, había muchas personas esperando para saludarle. Igual que por la mañana, antes de salir hacia el aeropuerto ya estaba repleta esa zona y solo hemos podido verle un momento, saludando con la ventanilla bajada del coche oficial. Desde ahí se ha dirigido primero a Bolawalana (cerca del aeropuerto) para bendecir la capilla del recién construido «Instituto de Estudios Teológicos Benedicto XVI». Luego ha tenido lugar el acto de despedida en el aeropuerto.

Aunque ha sido una estancia muy corta, ha llegado en un momento crucial. La visita ha dejado un mensaje de paz y de unión, y un nuevo impulso para que todos -especialmente los católicos- contribuyamos en el proceso de paz y progreso del país; superando todas las diferencias y enriqueciéndonos con la diversidad, haciendo brillar de nuevo las grandes cualidades de los habitantes de esta isla.