Visión positiva: el agua pasará entre las montañas

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Lo que eran unas vallas pueden convertirse en obstáculos. Si uno pierde el buen espíritu y la visión trascendente, le queda enfrente un rosario de dificultades. Como decía José Luis Girón, aquel administrador fiel (q.e.p.d.): el que no reza no gana para disgustos.
Jorge Bucay nos cueta la siguiente historia relacionada:

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OBSTÁCULOS

 

Voy andando por un sendero.

Dejo que mis pies me
lleven.

Mis ojos se posan en los árboles,
en los pájaros, en las piedras. En el horizonte se recorte la silueta de una
ciudad. Agudizo la mirada para distinguirla bien. Siento que la ciudad me atrae.

Sin saber cómo, me doy
cuenta de que en esta ciudad puedo encontrar todo lo que deseo. Todas mis
metas, mis objetivos y mis logros. Mis ambiciones y mis sueños están en esta
ciudad. Lo que quiero conseguir, lo que necesito, lo que más me gustaría ser, aquello
a lo cual aspiro, o que intento, por lo que trabajo, lo que siempre ambicioné,
aquello que sería el mayor de mis éxitos.

Me imagino que todo eso está
en esa ciudad. Sin dudar, empiezo a caminar hacia ella. A poco de andar, el
sendero se hace cuesta arriba. Me canso un poco, pero no me importa. 

Sigo. Diviso una sombra
negra, más adelante, en el camino. Al acercarme, veo que una enorme zanja me
impide mi paso. Temo… dudo.

Me enoja que mi meta no
pueda conseguirse fácilmente. De todas maneras decido saltar la zanja.
Retrocedo, tomo impulso y salto… Consigo pasarla. Me repongo y sigo
caminando.

Unos metros más adelante,
aparece otra zanja. Vuelvo a tomar carrera y también la salto. Corro hacia la
ciudad: el camino parece despejado. Me sorprende un abismo que detiene mi
camino. Me detengo. Imposible saltarlo

Veo que a un costado hay
maderas, clavos y herramientas. Me doy cuenta de que está allí para construir
un puente. Nunca he sido hábil con mis manos… Pienso en renunciar. Miro la
meta que deseo… y resisto.

Empiezo a construir el
puente. Pasan horas, o días, o meses. El puente está hecho. Emocionado, lo
cruzo. Y al llegar al otro lado… descubro el muro. Un gigantesco muro frío y
húmedo rodea la ciudad de mis sueños…

Me siento abatido… Busco
la manera de esquivarlo. No hay caso. Debo escalarlo. La ciudad está tan
cerca… No dejaré que el muro impida mi paso.

Me propongo trepar.
Descanso unos minutos y tomo aire… De pronto veo, a un costado del camino un
niño que me mira como si me conociera. Me sonríe con complicidad.  

Me recuerda a mí mismo…
cuando era niño.  

Quizás por eso, me animo a
expresar en voz alta mi queja: -¿Por qué tantos obstáculos entre mi objetivo y
yo?   

El niño se encoge de
hombros y me contesta: -¿Por qué me lo preguntas a mí?

Los obstáculos
no estaban antes de que tú llegaras… Los obstáculos los trajiste tú.

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