Se enamoró locamente de un silbato en su tienda local
Tal era su obstinación que cuando por fín llenó su hucha, le faltó tiempo para romperla e ir a la tienda. Acumuló todas las monedas encima del mostrador y pidió el silbato, sin preguntar siquiera cuanto valía.
Luego volvió por el camino, tocando alegremente el silbato por todo el camino y luego dentro de la casa. Estaba loco de alegría, hasta que su madre y sus hermanos le preguntaron cuanto le había costado el silbato y al oír la inverosímil respuesta, se echaron a reir a carcajada limpia