Abrir la mano
La dificultad de algunas personas para tener el poder del Espíritu Santo es como la de aquella niña que fue a la sala de estar y tomó un vaso griego de porcelana metiendo la mano por su estrecho cuello para sacar una moneda que vio en su fondo, de la que se apoderó con destreza. Al comprobar que no podía sacar la mano llamó a su madre, pero ésta tampoco pudo conseguir que la niña la sacara.
Llamó al padre, y este tampoco pudo.
Finalmente, la madre comprendió en que consistiría la dificultad y dijo a la
niña.