El secreto de una existencia plena es amar y entregarse por amor, dijo el Papa a los asistidos y voluntarios de Centros de Caridad en Albania

(RV).- (Con audio) El Obispo de Roma coronó su visita apostólica al “país de las águilas” con niños inválidos en el Centro Betania, donde llegaron también representantes de otros centros de caridad. Después de escuchar testimonios de asistidos, Francisco expresó su agradecimiento por la hospitalidad que dan cada día en este centro a tantos niños…
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La HISTORIA DE TAQUITO

Un cuento demasiado largo dedicado a Ignacio, que no se parece nada a Taquito y está a punto de hacer su Primera Comunión. 
Tómatelo con calma, que durará unos pocos días.

El día en que cumplió ocho años, nada más despertarse, Taquito miró por la ventana, vio que estaba lloviendo, se frotó los ojos con los puños y pensó: “ya estoy harto. De ahora en adelante me voy a portar mal". A continuación, como para que se enterara el resto del mundo, gritó con todas sus fuerzas:
—¡¡¡Voy a ser maloooooooo!!!
Su madre, que se llamaba Sara y estaba preparando el desayuno, se pegó un susto de muerte y entró corriendo en la habitación de su hijo.
—¿Se puede saber qué te pasa?
—Que he decidido a ser malo hasta que me haga viejo como el abuelo.
CONTINÚA…
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Bono, el gorrito del Papa (tiara) y las riquezas de la Iglesia

La tiara del Papa, las riquezas de la Iglesia y Bono, el líder de U2 21 noviembre 2012

Corrían los primeros años de 1960 cuando, en un noble gesto de desprendimiento y solidaridad para con los pobres, el Papa Pablo VI puso en venta su tiara pontificia (la “corona” del Papa).
 
Se trataba de un acto de singular valor: cuando el Card. Montini fue elegido Papa, los fieles de la arquidiócesis de Milán, de donde él era obispo, le regalaron la tiara. La tiara pontificia era doblemente “suya”: un regalo para el nuevo Papa Pablo VI en virtud de que había sido pastor de los católicos de Milán. El valor afectivo de la tiara era más que comprensible.
 
La tiara pontificia fue comprada por el cardenal Francis Joseph Spellman, arzobispo de Nueva York, y hoy se encuentra en exhibición en el Santuario Nacional de la Inmaculada Concepción, en Washington. El monto de la compra se destinó a poblaciones africanas.
 
He recordado esta historia a propósito de la visita al Vaticano del célebre líder de la no menos famosa banda de pop irlandesa U2. Bono estuvo en el Vaticano el 16 de noviembre de 2012 y se entrevistó con el Card. Peter K. Turkson, Presidente del Pontificio Consejo Justicia y Paz, por más de una hora. Fue al Vaticano para agradecer el papel de la Iglesia en la campaña mundial “Drop the debt” (“Deja la deuda”) cuyo objetivo es que los países ricos perdonen la deuda a los países pobres.
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QUE LA LLAMA NO SE APAGUE

VIRUTAS DE MADERA PRECIOSA:
LOS HOMBRES se ahorcan con los
ca­bos sueltos de la vida.


VIDA
INTERIOR.-

AVIVAR LA LLAMA ESPIRITUAL

Cuentan
que un rey muy rico de la India, tenía fama de ser indiferente a las riquezas
materiales y hombre de profunda religiosidad, cosa un tanto inusual para un
personaje de su categoría. 

Ante
esta situación y movido por la curiosidad, un súbdito quiso averiguar el
secreto del soberano para no dejarse deslumbrar por el oro, las joyas y los
lujos excesivos que caracterizaban a la nobleza de su tiempo. 
Inmediatamente
después de los saludos que la etiqueta y cortesía exigen, el hombre preguntó: 
"Majestad, ¿cuál es su secreto para cultivar la vida espiritual en medio
de tanta riqueza? 
El rey
le dijo: "Te lo revelaré, si recorres mi palacio para comprender la magnitud
de mi riqueza. 
Pero lleva una vela encendida. Si se apaga, te decapitaré". 
Al
término del paseo, el rey le preguntó: "¿Qué piensas de mis riquezas? 
La
persona respondió: "No vi nada. Sólo me preocupé de que la llama no se
apagara". 
El rey
le dijo: "Ese es mi secreto. Estoy tan ocupado tratando de avivar mi llama
interior, que no me interesan las riquezas de fuera".


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Biblia | Capítulo 50 | Génesis 50

Capítulo 50: Génesis 50 Los funerales de Jacob 50 1 Entonces José se echó sobre el rostro de su padre, lo cubrió de lágrimas y lo besó. 2 Después dio a los médicos que estaban a su servicio la orden de embalsamar a su padre, y los médicos embalsamaron a Israel. 3 Esto les llevó…
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Biblia | Capítulo 13 | Génesis 13

Capítulo 13: Génesis 13 La separación de Abraham y de Lot13 1 Desde Egipto, Abraham subió al Négueb, llevando consigo a su esposa y todos sus bienes. También Lot iba con él. 2 Abraham tenía muchas riquezas en ganado, plata y oro.3 Después siguió avanzando por etapas desde el Négueb hasta Betel, hasta el lugar…
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HERNÁN CORTÉS, LA CORONA EN EL CORAZÓN

Los primitivos Indios de las Américas, contemplaron por primera vez unos enormes veleros que se acercaban a sus tierras ancestrales. 

Mayor fue su sopresa cuando vieron bajar unos señores "barbudos" y a caballo.
Podrían haber dicho algo así como "ahorita nos descubrieron".
Eran los españoles aguerridos, fieros, llenos de intereses, entre otros la codicia.
Tan pronto como llegaron a tierra firme, plantaron la bandera y la Cruz y celebraron una Misa solemne.
El grupo se asentó en un poblado provisional con balizas de madera.
Sabían que si se quedaban allí serían objetivo fácil, con lo que salieron a conquistar en distintas direcciones. Así nacieron los primeros enclaves.
Entre los jefes de los conquistadores había dos tipos diferentes: los aventureros que se movían por codicia, con espíritu de guerrero solitario. Estos, a medida que se terminaban las provisiones, sin capacidad para rehacerse ni reforzarse, eran diezmados por los indígenas. Al adentrarse en la selva, ellos sucumbían a las enfermedades, tanto de fiebres como venéreas (las bubas, por ejemplo). En poco tiempo esas bolsas de españoles desaparecían.
El segundo grupo era el de los que llevaban la Corona Española metidas en sus corazones. Tenían muchos defectos, pero apreciaban el espíritu de cuerpo y se tomaban en serio su misión. 
Entre la tropa, el mayor peligro era el de sedición: que se tomaran las naves y se volvieran.
Por que la vida sin provisiones "de casa", con ropa rota y botas despuntadas, sin medicinas no era fácil. 
Por eso la petición que hacían con más intensidad era que llegara un barco desde España, con provisiones y tropas de refuerzo. Pero ello se enviaba en proporción directa a las riquezas que ofertaran. Y, como a más riquezas más empeño en guardarlas y protegerlas, era mayor la codicia despertada por la esperanza de riquezas que por las riquezas que se enviaban. Total que había cierto mercado negro de fantasiosas riquezas y la Corona no enviaba a gente.
Hernán Cortés, primero quemó secretamente las naves que les habían traído hasta allí, para evitar la tentación de volverse a casa. 
Cuando por fin apareció el barco enviado por la Corona los maltrechos españoles se llenaron de gozo. Pero inmediatamente se desilusionaron: la orden era que volvieran. 
También se ve que Pizarro tenía una visión de hazaña, de conquista: llevaba a la Corona en su corazón como se comprueba en EL EPISODIO DE LOS TRECE DE LA FAMA en la Isla del Gallo ocurrió un hecho insólito y recordado.
Y es que trece hombres con espíritu aventurero, con capacidad asombrosa de sacrificio fueron suficientes para conquistar el temido y vastísimo Imperio Inca. 
¿La diferencia entre unos y otros? El sentido de misión: la corona que llevaban dentro de su corazón.
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Los ricos también necesitan atención

 Salía  Sócrates una vez a visitar a un hombre muy rico, y un discípulo le preguntó: 
- Si visitas a los ricos, ¿es que te gusta su riqueza?
   Y Sócrates le contestó: 
- Deduces como un niño que no ha llegado a la edad de la razón. Piensa que también los médicos visitan a los enfermos, y esto no significa que les guste la enfermedad.
   Sócrates vivió del 470 al 401 a. de C., y fue el filósofo más importante de su tiempo. No dejó nada escrito. Todo lo que se sabe de su filosofía se debe a los libros de Platón, su discípulo.
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ANÉCDOTAS DE HOMBRES DE CIENCIA

 Wittgenstein y el tren
 Se cuenta que el filósofo Ludwig Wittgenstein se encontraba en la estación de Cambridge esperando el tren con una colega.
 Mientras esperaban se enfrascaron en una discusión de tal manera que no se dieron cuenta de la salida del tren. Al ver que el tren comenzaba a alejarse Wittgenstein echó a correr en su persecución y su colega detrás de él. 
Wittgenstein consiguió subirse al tren pero no así su colega. Al ver su cara de desconsuelo, un mozo que estaba en el andén le dijo, – no se preocupe, dentro de diez minutos sale otro. – Ud. no lo entiende- le contestó ella- él había venido a despedirme. 
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El lazo rosado

FIDELIDAD.- EL LAZO ROSADO

Un
señor de alrededor de 50 años entró discretamente a un café y se sentó en una
mesa desocupada. Antes de hacer su pedido, no pudo dejar de notar un grupo de
hombres más jóvenes sentados a una mesa cercana. Se estaban riendo. Y le
resultó obvio que se estaban riendo y burlando de él. No tardó demasiado en
recordar que llevaba puesto un pequeño lazo rosado colocado sobre la solapa de
su chaqueta y que éste era el motivo de las risas.

Al
principio los ignoró, pero las risas comenzaban a irritarlo. Miró a uno de
ellos, señaló su lazo y le preguntó: ¿Esto te causa gracia? Con eso, los
hombres se miraron entre sí, desconcertados. Aún tratando de contener la risa,
uno de ellos le contesto:

No
lo tomes a mal, solo comentábamos lo lindo que te queda el moño rosado con ese
saco azul!

Con
un gesto amistoso, el señor invitó al bromista a sentarse a su mesa. Incómodo
como estaba, el joven aceptó, sin saber bien para qué. Con voz muy calmada, el
señor le explicó:

 Llevo puesto este lazo rosado para
alertar a todos sobre el cáncer de mamas

Lo
llevo puesto en honor a mi madre. Señor, perdone usted. ¿Su madre murió de
cáncer de mamas?

No,
no esta muerta. Felizmente está viva y muy bien de salud. Pero fueron sus senos
los que me alimentaron cuando era un bebé. Y en sus senos fue donde descansó mi
cabeza cuando estaba atemorizado o triste cuando era un niño pequeño. Estoy muy
agradecido por los senos de mi madre por la salud de la que goza hoy.

Urrimm,
contestó el joven, claro.

También
llevo puesto este lazo rosado en honor a mi esposa, siguió el señor.

¿Ella
también está bien?, preguntó el muchacho.

Oh,
sí. Ella está perfecta. Y con sus senos alimentó y nutrió a nuestra hermosa
hija hace 23 años. Estoy muy agradecido por los senos de mi esposa y por su
salud.

Entiendo.
Así que supongo que también lo llevas puesto en honor a tu hija. No, ya no
puedo llevarlo puesto en honor a mi hija, para eso es tarde. Ella falleció de
cáncer de mamas hace un mes. Ella creyó que era demasiado joven para tener
cáncer de mamas.

Así
que, cuando casualmente se notó un bulto, lo ignoró. Ella pensó que como no le
causaba dolor, no había nada de que preocuparse. Ahora abatido y avergonzado,
el joven le dijo: Oh señor, cuánto lo siento…

¡Por
eso, en memoria de mi hija, también llevo puesto este pequeño lazo rosado,
porque me permite otorgarle a otros una oportunidad que yo ya no tengo. Así que
ahora, anda y conversa esto con tu esposa y tu hija, tu madre y tu hermana, así
como también con tus amigos.

Y
toma… El señor metió su mano en el bolsillo y sacó otro pequeño lazo rosado y
se lo entregó al hombre joven. El muchacho miró el lazo que le fue entregado y
levantando su cabeza le preguntó al señor:

¿Me ayuda a ponérmelo?.


Continúa con la Puerta de la Felicidad…
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El hombre que se cayó encima de un cordero

Una vida salvada por un cordero

En la fachada de una Iglesia en
Inglaterra, se puede ver esculpida una figura de un cordero, y hay una
historia verídica que lo explica.

Es como sigue:

Muchos años atrás,
cuando aquella iglesia se estaba edificando, un obrero que estaba
trabajando sobre un andamio, a gran altura del suelo, se retiró un poco
para ver el efecto de su obra; pero fue más allá del borde del andamio y
cayó al suelo.

Sus compañeros viéndolo caer de tan grande altura lo
dieron por muerto.

Sin embargo con gran sorpresa le vieron levantarse y
retirarse al parecer completamente ileso. Uno de los compañeros fue tras
él para acompañarle a su casa.

- Di, Tomás, ¿qué fue lo que te salvó
la vida? – fue la inmediata pregunta de su camarada. – Pues mira, fue
ese cordero.

Y era la verdad.

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Cómo murió Esopo

Un hombre auténtico
Muchos famosos, listos e importantes, dicen cosas solemnes que no duran una semana en la memoria de la humanidad.
Es bueno conocer que El tal Esopo nació en Amerium, una localidad cercana a Frigia (Asia Menor), sobre el año 620 A. C. y que dijo cosas con tanto sentido y tan bien que las recordamos hoy. 
No reconocerlo es ser VULGAR: esto es la actitud de estar al lado de algo grande y no darse cuenta.
Pero lo que hace a un hombre grande NO ES LO QUE DICE (ni cómo lo dice). Ni sólo cómo vive, sino fundamentalmente cómo muere, por que la muerte es el sello de una vida bien vivida.
Ofrecemos a continuación la anécdota de la vida real de la muerte de Esopo
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EL BELÉN QUE PUSO DIOS (14)

14. Simeón

  

 
En mayo de 1994 conté este
cuento a mis alumnas de
Aldeafuente durante
la Misa de su Primera Co­munión. A

hora se lo dedico, con el mismo cariño de
entonces, a todas y a cada una. Estas son: Sofía Albízuri, Ana Amorós, Susana
Baquien, Cristina Bofarull, Cristina Díaz-Guerra, Marta Candela, Mó­nica
Clavería, María Fernández, Rocío Fernández-Durán, Paloma Gándara, M. Victoria
Gómez-Horti­güela, Susana González, Patricia Iglesias, Belén Lázaro, María
López-Tello, Leticia de Luján, María Luisa Reventós, María Cristina Sáenz, Ana
María Sánchez-Jáuregui, Marta Sánchez, Cristina Santo Tomás, Cristina Sevilla,
Teresa Trelles, María Trillo, Eloísa Trillo-Figueroa y Laura Varela.

  

 
Simeón tiene el pelo
cárdeno y alborotado, la risa blanca y la mirada entre risueña y ausente.
Simeón, cuando cumplió diez años, se tumbó debajo de un si­comoro una noche sin
luna y, según su hermana, se le metió una estrella en el ojo.
 —¡Qué tonterías tienes, Raquel! ¿Cómo se le va
a meter una estrella al niño? No sé de dónde sacas esas cosas.
 —¡Que sí, que lo he visto yo!: es una estrella
como de plata y con una cola larga y brillante…
 

—Ya. Y,
según tú, la tiene dentro del ojo…

 —Bueno, sí…, dentro de los dos. ¡Es preciosa!
¿Por qué no lo ves tú misma? 
 Cuando la madre de Simeón lo comprobó, tuvo que
rendirse a la evidencia:
 —Hijo mío, algo grande te tiene reservado Yavé,
porque ya me dirás cuántos chicos conoces tú que les haya pasado lo mismo.
 —Simeón, ¿me dejas ver la estrella?

A su prima Salomé le encanta asomarse a los
ojos de Simeón, aunque no sea sólo para ver la estrella.

 —Oye, ¿y tú la ves siempre?
 —Claro…
 —¿También cuando duermes?
 A Simeón no le gusta hablar de estas cosas. Por
eso cambia de conversación y ríe como si no tuviese de­masiada importancia. Pero
lo cierto es que, desde aque­lla noche del sicomoro, anda pensativo, corno
quien guarda un secreto que ni él mismo entiende muy bien.
 Sentados en el atrio del templo de Jerusalén,
un grupo de niños escucha las explicaciones del anciano doctor de la ley. 
De
vez en cuando, uno levanta la mano para preguntar algo que casi nunca tiene
rela­ción con lo que el maestro dice, pero éste, con pacien­cia infinita,
retorna el hilo de la lección y lo enhebra con historias nuevas, sacadas Dios
sabe de dónde. 
 Y si los alumnos se distraen, cambia de argu­mento:
 —A ver, Juan, ¿tú qué vas a ser de mayor?
 —Yo, pastor, como mi padre.
 —¿Y tú, Samuel?
 —Herrero…
 —¿También como tu padre?
 —Claro. ¿Qué voy a hacer si no…? 
 Y es que, en los años en que Dios puso su belén,
los niños jamás hacían planes para el futuro. Aquella tierra era tan pobre que
hasta los sueños estaban prohibidos. Nadie quería ser pirata, ni general, ni ar­tista,
ni ninguna otra cosa que valiera la pena. Incluso alguno sospechaba que
semejantes ambiciones no complacerían a Yavé; que lo más justo era aceptar el
propio destino, sin intentar modificarlo.
 —¿Y tú, Simeón?
 —Yo, de mayor, quiero ver al Mesías. 
 Se hace silencio. Uno de los niños empieza a
reírse muy bajito. Luego, poco a poco, todos se van uniendo al coro de
carcajadas:
 —Sí, claro… ¡Por tu cara bonita!

Pero el muchacho habla muy en serio, y el viejo
maestro le mira a los ojos con respeto:

 —¿Por qué has dicho eso, Simeón? Nuestro pue­blo
lleva miles de años esperando al Mesías. ¿Qué te hace suponer que va a llegar
precisamente ahora?
 —No lo sé, Rabbí. Debe ser cosa de la
estrella…
 Han pasado los años; tal vez sesenta o setenta.
Simeón es un anciano mercader, que conoce los cami­nos de Palestina mejor que
su propia casa. Ha visita­do el Oriente y ha cruzado cien veces el desierto de
Arabia cargado de perfumes. Ha navegado todos los mares del Imperio desde
Alejandría hasta Gadir, y tiene ya riquezas suficientes para retirarse a descan­sar.
Pero aún conserva en la mirada aquel brillo de plata que le impide envejecer, y
a pesar de su figura encorvada, de su barba cana y sus manos tembloro­sas,
sigue sin tener más hogar que las caravanas de los comerciantes y los mesones
de los caminos.
 —Deberías retirarte, Simeón. ¿Qué más nece­sitas?
 —Aún soy joven, Mateo. Todavía no ha llegado mi
hora. 
 Al pasar por Nazaret, se ha unido a la caravana
una adolescente montada en su borrico pardo.
 —¿No te acompaña nadie? 
 La niña levanta la vista y se encuentra con la
mi­rada acogedora de Simeón. 
Unos minutos después ya le ha contado que se llama
María, que tiene quince años y que va a visitar a su prima Isabel, que vive en
una aldea de Judá, al sur de Jerusalén, porque ha sa­bido que está esperando un
niño. 
 Simeón la escucha sin poder apartar la mirada
de aquellos ojos: los más hermosos, los más inocentes, los más hondos,
atractivos y luminosos que ha visto jamás.
 La voz de María suena en sus oídos
como una melodía. 
Intenta responderle, pero no le salen las pa­labras. 
Por
primera vez, después de tantos años, se en­cuentra aturdido delante de una
niña.
 —Si no te importa —le dice al fin— te haré com­pañía
durante el viaje. No debes ir sola.

María sonríe agradecida y le pregunta:

 —¿Cómo te llamas?

—Me llaman Simeón, pero llevo muchos años
esperando que Yavé me diga cuál es mi verdadero nombre… ¿Te extraña que te
diga esto?

 —No. Te comprendo. Es cierto que cada uno de
nosotros tiene otro nombre: el que Dios le puso antes de crear el mundo. Ojalá
todos tratasen de encontrar­lo con la misma fe que tú.
 —Y tú, María, ¿cómo te llamas?
 —Yo soy la esclava del Señor.

Se han quedado los dos en silencio. Al cabo,
Simeón, sin saber por qué, y como avergonzado, dice:

 —¿Puedo pedirte una cosa?
 —No puedo negarte nada. Estás siendo tan ama­ble
conmigo…
 —Ya que eres la esclava, di a tu Señor que
Simeón no quiere morirse sin ver al Mesías. 
 Algunos días más tarde el Arcángel San Gabriel
tuvo que hacer horas extraordinarias. 
Dormía Simeón bajo la lona de su tienda
con el sueño ligero de los viejos, que van contando las horas una a una hasta
el amanecer, cuando se le presentó el Ángel:
 —Alégrate, Simeón, que te has salido con la
tuya. Aquella noche en que viste la estrella de Oriente, supiste que Yavé
quería jugar contigo en este juego que ha comenzado con la humanidad. Tú, no sé
por qué, te empeñaste en ver al Mesías. Pues bien, Yavé te va a conceder mucho
más. Lo tendrás en tus brazos, y podrás besarlo si quieres. Ahora ten calma:
dentro de pocos meses te llevarán de la mano hasta Él. 
 Simeón, entre sueños, quería preguntar algo, y
no conseguía mover los labios; pero el Ángel le respondió:
 —Sí, aquella niña que viajó contigo es la Llena
de Gracia: éste es su nombre, el que Yavé le puso cuando soñaba con Ella antes
de que el mundo exis­tiese. 
Hace pocos días, en su casa de Nazaret, le anun­cié
de parte de Dios que habrá de ser la madre del Me­sías. 
Su hijo se llamará
Jesús, y va ha sido concebido sin intervención de varón, por obra del Espíritu
San­to. ¡Qué cerca lo has tenido, Simeón!: ha viajado con­tigo encerrado en el
seno de una Virgen; ha estado es­condido a tus ojos, pero a tu lado. 
María no
podía decirte nada; pero, al abandonar la caravana, ha pedi­do a Dios que te
conceda lo que soñaste durante tan­tos años. Y en el Cielo nadie puede negar
nada a la Reina de los Ángeles.

Al
despertar, la estrella que nunca dejó de ver; le encendía la mirada de niño.
¿Dónde estaría la Llena de Gracia? Volvería a verla, sin duda. Y el deseo de
estar otra vez a su lado le parecía aún más grande que el de tener en brazos a
su Hijo.

  

En
el atrio del Templo de Jerusalén, vociferan los mercaderes entre el estrépito
del ganado. Los escribas salmodian la Toráh a sus discípulos. 

Los mendigos su­plican
a gritos una limosna a los peregrinos. Y Simeón, que ya apenas puede caminar,
apoyado en un bastón, busca unos ojos inolvidables entre las mujeres que en­tran
con sus hijos para el rito de la purificación.
 —¡Simeón!

María le ha visto antes y le llama. 

Simeón ex­tiende
sus brazos mientras se aproxima casi corrien­do. El bastón se le cae al suelo,
y un muchacho, que acompaña a María, le ayuda a coger a Jesús entre los brazos. 
El Mesías le sonríe (¿o se lo imagina Simeón?). Y las lágrimas del anciano casi
no le dejan ver el rostro del Niño.
 

—Ahora,
Señor, ya puedes dejar que tu siervo se vaya en paz, porque mis ojos han visto
al Salvador…
 

 
De regreso a Jerusalén,
Simeón seguía cantando. Aquella noche, la estrella se le nubló en sus ojos. 
—¿Qué te ocurre? —le preguntó su sobrina, Sa­ra—,
¿te encuentras bien?
 —Sí, hija mía, me encuentro mejor que nunca. Ya
he terminado el camino, he cumplido mi papel y ahora sólo pienso en el Cielo.
Pero tengo una duda, y es que no sé cómo podré ser feliz en el Paraíso mien­tras
la Llena de Gracia y su Hijo estén en la tierra.

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Solo Dios basta

Inquietum est cor nostrum…

Una rica joven de los Estados Unidos
tenia cuanto podía desear: comodidades, hermosura, vestidos, automóviles,
muchos amigos, viajes… Un día, se dirigió en su mejor coche a Adirondacks y,
deteniéndose junto a un precipio, en una cuneta del camino, escribió alli una
nota, que dejó en la carretera, y en su coche se lanzó al abismo. 
La nota
decía: “Lo he probado todo y no encuentro en la vida nada que pueda
interesarme. Dejad que le ponga fin.”

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La Princesa Cruel

Érase una bella princesa que estaba buscando esposo… 

Entre los candidatos, se encontraba un joven plebeyo, que no tenia más riquezas que su amor y perseverancia. 

Cuando le llegó el momento de presentarse ante la princesa le dijo: 
"Princesa, te he amado siempre. 
Como soy un hombre pobre y no tengo tesoros para darte, te ofrezco mi sacrificio como prueba de amor. 

Estaré 100 días sentado bajo tu ventana sin más alimentos que la lluvia y sin más ropa que la que llevo puesta. 
Ésa es mi dote." 
La princesa, conmovida por tal gesto de amor, aceptó complacida. 
"Tendrás tu oportunidad, si pasas la prueba, me desposarás." 
Y así se hizo. 

El pretendiente estuvo sentado, soportando los vientos, la nieve y las noches heladas. Con la vista fija en el balcón de su amada, el valiente vasallo siguió firme en su empeño, sin desfallecer un momento. 
De vez en cuando la cortina de la ventana real dejaba traslucir la esbelta figura de la princesa, la cual, con un noble gesto y sonrisa, aprobaba la faena. Todo iba a las mil maravillas. 

Incluso algunos optimistas habían comenzado a planear los festejos. 
Al llegar el día 99, los pobladores de la zona habían salido a animar al próximo monarca. 

Todo era alegría y jolgorio, hasta que de pronto, cuando quedaba una hora para cumplirse el plazo, ante la mirada atónita de los asistentes y la perplejidad de la infanta, el joven se levantó y sin dar explicación alguna, se alejo lentamente del lugar. 

Unos días después, mientras deambulaba por un solitario camino, un niño de la comarca lo alcanzó y e pregunto a quemarropa, ¿qué fue lo que te ocurrió? Estabas a un paso de lograr la meta, podrías haberte convertido en rey. ¿Por qué perdiste esa oportunidad?, ¿por qué te retiraste? " 
Con profunda consternación y dos lágrimas que se deslizaron por su rostro, contestó en voz baja: 

LA PRINCESA NO ME AHORRO NI UN DIA DE SUFRIMIENTO NI SIQUIIERA UNA HORA, ELLA NO MERECIA MI AMOR,,,,

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EL PORTAL DE ORO

El amor abre todas las puertas
Autor: Historia Sufí

En una ciudad
nacieron dos hombres, el mismo día, a la misma hora en el mismo lugar. 

Sus vidas se desarrollaron y cada uno vivió muchas experiencias
diferentes. 
Al final de sus vidas ambos murieron el mismo día, a la
misma hora, en el mismo lugar. 
De acuerdo a la leyenda se dice que al
morir tenemos que pasar por un gran portal de oro puro, donde allí un
guardián, nos hace ciertas preguntas para permitirnos pasar. El primer
hombre llegó y el guardián le pregunta: 
¿Qué fue de tu vida? 
El
responde: "conocí muchos lugares, tuve muchos amigos, hice negocios que
produjeron grandes riquezas, mi familia tuvo lo mejor y trabaje duro".
el guardián le pregunta: 
¿Qué traes contigo? 
El responde: "todo ha
quedado allí, no traigo nada", ante esto el guardián responde:
 Lo
siento no puedes pasar debido a que no traes nada contigo". 
Al escuchar
estas palabras el hombre llorando y con gran pena en su corazón se
sienta a un lado a sufrir el dolor de no poder entrar….. 
El segundo
hombre llegó y el guardián le pregunta: 
¿Qué fue de tu vida? El
responde: "desde el momento en que nací, fui un caminante, no tuve
riquezas, solo busque el amor en los corazones de todos los hombres, mi
familia me abandono y en realidad nunca tuve nada"…. 
el guardián le
pregunta: ¿Encontraste lo que buscabas? 
El le responde: "Si, ha sido mi
único alimento desde que lo encontré….. 
El guardián responde: Muy
bien puedes pasar!… 
Pero ante esta respuesta el hombre responde: "El
Amor que he encontrado es tan grande que lo quiero compartir con este
hombre sentado al lado del portal, sufriendo por su fortuna… 
dice la
leyenda que su amor era tan grande que fue suficiente para que ambos
pasaran por el portal.
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Mi amor vale otro amor… La princesa que buscaba esposo

Érase una bella princesa que estaba buscando esposo… 

Entre los candidatos, se encontraba un joven plebeyo, que no tenia más riquezas que su amor y perseverancia. 

Cuando le llegó el momento de presentarse ante la princesa le dijo: 
"Princesa, te he amado siempre. 
Como soy un hombre pobre y no tengo tesoros para darte, te ofrezco mi sacrificio como prueba de amor. 

Estaré 100 días sentado bajo tu ventana sin más alimentos que la lluvia y sin más ropa que la que llevo puesta. 
Ésa es mi dote." 
La princesa, conmovida por tal gesto de amor, aceptó complacida. 
"Tendrás tu oportunidad, si pasas la prueba, me desposarás." 
Y así se hizo. 

El pretendiente estuvo sentado, soportando los vientos, la nieve y las noches heladas. Con la vista fija en el balcón de su amada, el valiente vasallo siguió firme en su empeño, sin desfallecer un momento. 
De vez en cuando la cortina de la ventana real dejaba traslucir la esbelta figura de la princesa, la cual, con un noble gesto y sonrisa, aprobaba la faena. Todo iba a las mil maravillas. 

Incluso algunos optimistas habían comenzado a planear los festejos. 
Al llegar el día 99, los pobladores de la zona habían salido a animar al próximo monarca. 

Todo era alegría y jolgorio, hasta que de pronto, cuando quedaba una hora para cumplirse el plazo, ante la mirada atónita de los asistentes y la perplejidad de la infanta, el joven se levantó y sin dar explicación alguna, se alejo lentamente del lugar. 

Unos días después, mientras deambulaba por un solitario camino, un niño de la comarca le alcanzó y le pregunto a quemarropa, ¿qué fue lo que te ocurrió? Estabas a un paso de lograr la meta, podrías haberte convertido en rey. ¿Por qué perdiste esa oportunidad?, ¿por qué te retiraste? " 
Con profunda consternación y dos lágrimas que se deslizaron por su rostro, contestó en voz baja: 

LA PRINCESA NO ME AHORRÓ NI UN DIA DE SUFRIMIENTO NI SIQUIERA UNA HORA, ELLA NO MERECIA MI AMOR…

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Felicidad: RIQUEZAS, GLORIA… TESTAMENTO DE ABDERRAMÁN III

«He reinado más de 50 años, en victoria o paz. Amado por mis súbditos, temido por mis enemigos y respetado por mis aliados. Riquezas y honores, poder y placeres, aguardaron mi llamada para acudir de inmediato. No existe terrena bendición que me haya sido esquiva. En esta situación he anotado diligentemente los días de pura y auténtica felicidad que he disfrutado: suman catorce

Testamento de Abderramán III

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EL SECRETO DE LA FELICIDAD

El Rostro del Amor Cuando pienso, que este mundo a mi alrededor,
existió una vez, solo en tu imaginación. Cada vez que levanto los ojos
al cielo azul, entre tantas estrellas bañándome con su luz, que pequeño
soy. Cuando entiendo que vivimos de la eternidad, porque en realidad no
hay principio ni final; esas cosas que todos deseamos alguna vez, esos
sueños de gloria, riquezas y de poder, que pequeño soy. Y regreso a ti,
porque veo por fin, que no hay otro camino. Tu eres la vida, la
semilla, el fruto y la paz. La chispa divina que encendió en las
tinieblas el sol, el espíritu de la creación, el rostro del amor.
Cuantas veces nos asesinamos sin razón, por la pequeñez de una idea o
un color, cuanta sangre inocente costo nuestra estupidez, cuantas
lagrimas hemos llorado hasta entender cual es la lección. Y volvemos
por fin, por que llevan a ti, todos nuestros caminos. Tu eres la vida,
manantial que no se agota jamás, la luz encendida que nos guía en el
camino a la paz, la esperanza de un futuro mejor, el rostro del amor.
Tu eres la vida, la semilla, el fruto y la paz, la chispa divina que
encendió en las tinieblas el sol. El Secreto de la Felicidad. Hace
muchísimos anos vivía un sabio, de quien se decía que guardaba en un
cofre encantado un gran secreto que lo hacia ser un triunfador en todos
los aspectos de su vida y que naturalmente, por eso, se consideraba el
hombre mas feliz de la tierra. Como de costumbre muchos reyes,
envidiosos, le ofrecían poder y dinero y cuanto se le puede ofrecer a
un sabio, y llegaron al colmo de hasta intentar robarlo para obtener el
cofre, pero todo era en vano, mientras mas lo intentaban, mas infelices
eran, pues la envidia no los dejaba vivir… Así pasaban los años y el
sabio era cada día mas feliz, pero… un día llego ante El, un niño y
le dijo: Señor Sabio, al igual que Tu, también quiero ser inmensamente
feliz… ¿Por que no me enseñas todo lo que debo hacer para
conseguirlo? El sabio, por supuesto, al ver la sencillez y la pureza
del niño, le dijo: "A ti te enseñare el secreto para ser feliz, ven
conmigo y presta mucha atención, en realidad son dos cofres en donde
guardo el secreto para ser completamente feliz y estos cofres son mi
mente y mi corazón y el gran secreto que estos cofres guardan no es
otro que una serie de pasos que debes seguir a lo largo de la vida"…
El primer paso, es saber que existe la presencia de Dios en todas las
cosas de la vida, y por lo tanto, debes amarlo y darle gracias todos
los días por todas las cosas que tienes. El segundo paso, debes
quererte a ti mismo, pero… muchísimo y todos los días al levantarte y
al acostarte, debes afirmar: yo soy importante, yo valgo, soy capaz,
soy inteligente, soy cariñoso, espero mucho de Mi, no hay obstáculo que
no pueda vencer… El tercer paso, debes poner en practica todo lo que
dices que eres, es decir, si piensas que eres inteligente, actúa
inteligentemente; si piensas que eres capaz, haz lo que te propones; si
piensas que eres cariñoso, expresa tu cariño a las personas que amas,
si piensas que no hay obstáculos que no puedas vencer, entonces
proponte metas en tu vida y lucha por ellas hasta lograrlas. El cuarto
paso, no debes envidiar a nadie por lo que tiene o por lo que es, pues
esto llena tu corazón de rabia… ellos alcanzaron su meta, logra Tu
ahora las tuyas… El quinto paso, no debes albergar en tu corazón
rencor hacia nadie ni nada este sentimiento no te dejara nunca ser
feliz, y si alguien te ha herido deja que las leyes de Dios hagan
justicia y Tu perdona y olvida… El sexto paso, es que no debes tomar
las cosas que no te pertenecen, recuerda que de acuerdo a las leyes de
la naturaleza, es decir si lo haces mañana te quitaran algo de mas
valor. El séptimo paso, no debes maltratar a nadie, todos los seres del
mundo tenemos derecho a que se nos respete y se nos quiera. Y por
ultimo una de las cosas mas importante en esta vida, levántate siempre
con una sonrisa a flor de labios, observa a tu alrededor y descubre en
todas las cosas el lado bueno y bello de la vida, piensa en lo afortunado
que eres al tener todo lo que tienes, ayuda a los demás sin pensar que
vas a recibir nada a cambio, mira a las personas y descubre en ellas
sus cualidades y dales también a ellos el secreto para ser triunfador y
que de esta manera, puedan ser también felices"… Aplica estos pasos y
veras que fácil es Ser Feliz…

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