«Me he enamorado otra vez de la enfermería»

Adaeze trabajó durante unos meses, pero las condiciones laborables le llevaron a dejar aquel puesto y buscar otro hospital. Fue así que envió su currículum al Hospital de la Fundación Niger.
“Un día estaba charlando con un amigo y les pregunté: en vuestra opinión, ¿cuál es el mejor hospital privado de Enugu?”
“El NFH”, dijeron casi a coro.
“¿El qué?”
“El Hospital de la Fundación Niger –aclaró uno–, está en Independence Layout”.
Al día siguiente, Adaeze decidió presentarse en el NFH para conocer el hospital, cuya capellanía está confiada al Opus Dei. Aún estaba demasiado reciente el recuerdo de la mala experiencia vivida en la clínica para la que había trabajado previamente. Sin embargo, al llegar al complejo hospitalario, su actitud cambió.
“Vi flores y jardines bien cuidados… ¡en un hospital! Entré en el edificio principal y vi enfermeras vestidas con elegancia, sonrientes y amigables. El ambiente respecto a mi anterior empleo era claramente distinto”.
Fue al departamento de recursos humanos, donde le invitaron a presentar su currículum. Días después, le comunicaron que había sido aceptada.
Sin embargo, los primeros días no fueron fáciles. “Era una enfermera nueva y allí se hacían las cosas de manera diferente, pero todos fueron muy amables y estaban siempre dispuestos a ayudarme. La enfermera jefe me señalaba lo que debía de hacer en cada una en las salas; un compañero me enseñó a gestionar mis tareas con los pacientes ingresados. Incluso el personal de limpieza me ha dado sugerencias utilísimas. Aquí, me he enamorado otra vez de la enfermería”.
El primer flechazo

El “primer flechazo” fue cuando Adaeze tenía 8 años y tuvo que cuidar de su abuela enferma. “Todo empezó aquellos días”, dice Adaeze, sonriendo y apartando un mechón suelto de su rostro. “Tuve que acompañarla y me sorprendí por se capaz de estar a su lado todo el día sin sentirme agotada”.
En el Hospital hizo amistad con una compañera que recibía formación cristiana en un centro del Opus Dei. Interesada, acudió a una clase de formación después del trabajo. En el centro, una casa no muy alejada del Hospital, había mujeres y jóvenes de todos los ámbitos sociales, jóvenes y mayores, de varias condiciones sociales, unidas por el deseo de desarrollarse personal y espiritualmente.

Adaeze con su familia.

“El mensaje de santificación del trabajo diario que he aprendido en el Opus Dei ha cambiado mi actitud hacia el trabajo y me ha ayudado a crecer profesionalmente como enfermera. He aprendido a ser menos ‘peleona’. No quiere decir que me deje pisotear o que ya no exija mis derechos, sino que ahora trato mejor a la gente, procuro ser menos agresiva o cínica. Intento transmitir paz”.
“También he aprendido a ofrecer mi trabajo a Dios, especialmente cuando estoy cansada y siento que puedo hacerlo peor. De ese modo, el trabajo se hace más ligero, menos extenuante. Es casi magia, pero yo lo llamo presencia de Dios”.
“Algunos pacientes, cansados del dolor, se enfadan contigo por no hacer las cosas bien. Nunca están satisfechos. En vez de responder, procuro pensar que esa persona es Jesús”

“También he aprendido a rezar cada día por el que será mi marido, ¡aunque aún no lo conozco! Pero pido para que esté más cerca de Dios que yo misma, y que juntos podamos formar una familia en el amor de Cristo”.

Chinwuba Iyizoba