"Estamos agradecidos al Papa y al Espíritu Santo Santo", Mons. Escobar Alas al final el Sínodo

(RV).- (audio) Mons. Escobar Alas, arzobispo de San Salvador, habla para el micrófono de Radio Vaticano después del mensaje del Papa que dio final al Sínodo de los Obispo por la familia, y se muestra agradecido con “el Espíritu Santo y con el Santo Padre”. Y pide que encomendemos a San Jasé todas las familias…
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Francisco beatifica a Pablo VI

Acabamos de escuchar una de las frases más famosas de todo el Evangelio: «Dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios» (Mt 22,21). Jesús responde con esta frase irónica y genial a la provocación de los fariseos que, por decirlo de alguna manera, querían hacerle el examen…
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Palabras del Papa durante el Sínodo

Homilías Misa de apertura del sínodo extraordinario sobre la familia. 5 de octubre de 2014 Ver vídeo El profeta Isaías y el Evangelio de hoy usan la imagen de la viña del Señor. La viña del Señor es su «sueño», el proyecto que él cultiva con todo su amor, como un campesino cuida su viña….
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Vigilia con el Papa para rezar por el Sínodo

“Queridas familias, buenas tardes. Está anocheciendo en nuestra asamblea. Es la hora en la que cada uno vuelve con gusto a su casa para encontrarse entorno a la mesa, con todos los afectos, del bien cumplido y recibido, en los encuentros que calientan el corazón y lo hacen crecer, con el buen vino que anticipa…
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LETIZIA Y LA CONVIVENCIA PREMATRIMONIAL

El modelo de convivencia pre-matrimonial (temporal) o de convivencia-en-principio-definitiva es una densa moda que se expande cual gota de aceite. Impermeable al razonamiento o a los consejos.

La moda consiste en dar por buena la situación de convivencia POR QUE LOS TIEMPOS HAN CAMBIADO: por que lo hace todo el mundo. Por que yo soy la medida de la bondad o maldad de lo que hago; si mi padre no lo sabe, entonces está bien: hago lo que quiero por que eso es lo que me conviene…
Uno puede llegar a reacciones poco razonables o incluso incoherentes.
Proponemos una anécdota entre Felipe y Letizia y unos razonamientos ulteriores…
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SE REÍA SANTA TERESA

Se
reía Santa Teresa
 

 En el don de ciencia, el Espíritu Santo ilumina
la inteligencia del hombre para que juzgue rectamente de las cosas creadas en
orden al fin sobrenatural. 
Un fruto claro es el desprendimiento de los bienes
terrenos. 
 Es curioso leer el efecto que produjeron en
Santa Teresa las joyas que le enseñó en Toledo doña Luisa de la Cerda. 
“Cuando
estaba ya mala del corazón (…), como era de mucha caridad, hízome sacar joyas
de oro y piedras, que las tenía de gran valor, en especial una de diamantes que
apreciaba mucho. 
Ella pensó que me alegraran. 
Yo estaba riéndome entre mí y
habiendo lástima de ver lo que estiman los hombres, acordándome de lo que nos
tiene guardado el Señor, y pensaba cuán imposible me sería, aunque yo misma lo
quisiera procurar, tener en algo aquellas cosas si el Señor no me quitaba la
memoria de otras. 
Esto es un gran señorío para el alma, tan grande que no sé si
lo entenderá sino quien lo posee: porque es el propio y natural desasimiento,
porque es sin trabajo nuestro. 
Todo lo hace Dios; que muestra su Majestad estas
verdades de manera que quedan tan impresas, que se ve claro que no lo
pudiéramos por nosotros de aquella manera en tan breve tiempo adquirir”

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ABRIR LA MANO

 Abrir
la mano

 

La dificultad de algunas personas para tener el
poder del Espíritu Santo es como la de aquella niña que fue a la sala de estar
y tomó un vaso griego de porcelana metiendo la mano por su estrecho cuello para
sacar una moneda que vio en su fondo, de la que se apoderó con destreza. Al
comprobar que no podía sacar la mano llamó a su madre, pero ésta tampoco pudo
conseguir que la niña la sacara.

 Llamó al padre, y este tampoco pudo. 
Finalmente, la madre comprendió en que consistiría la dificultad y dijo a la
niña.
 

- María
abre bien tu mano, ponla estirada y papá tirará del brazo y te la sacará.

L

a niña miró a su padre y dijo:
 

- Papá,
si lo hago así se caerá la moneda.
 

Padre y madre se
echaron a reír pues comprendieron la razón de la aparente dificultad. 
 Así es con muchas personas que retienen en sus
corazones cosas que no quieren soltar.

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LA HISTORIA DE ALESSANDRA BORGHESE

CON OJOS NUEVOS (Alessandra Borghese, Ab)


Conversión  
  Avanzar en la vida espiritual resulta complicado mientras pienses que casi todo depende de ti, y te empeñes entonces en ir adelante a base de gran insistencia y terquedad. Se vuelve sencillo, en cambio, cuando entiendes que tu santificación, tu transformación, con todo lo que las acompaña, son obra sobre todo del Espíritu Santo, son un don, y que, por tanto, lo que has de hacer es dejar que Él obre en ti. Él es el verdadero escultor que, a golpe de cincel, desbasta poco a poco lo que tienes de superfluo, hasta que la imagen divina que hay en cada uno de nosotros –oculta bajo un montón de detritus fosilizados- comienza a delinearse y, finalmente, a surgir con mayor definición. 
        A medida que pasa el tiempo, adviertes así que la vida enriquecida por la fe viene a ser una lenta pero progresiva purificación del corazón, que acontece bajo la mirada de Dios, envueltos en su amor. Esto permite vernos cada vez con más claridad a nosotros mismos: detectar nuestra limitación, nuestro pecado, junto a nuestras más auténticas cualidades. En suma, permite descubrir nuestra verdadera identidad. Sí, porque la humildad, de la que tanto se habla, no se reduce a aceptar nuestros defectos: éste es sólo su polo negativo. Su inseparable polo positivo impulsa a reconocer con alegría los dones que Dios nos da y a emplearlos, no para ofenderlo o para negarlo, sino para darle gloria.   
       Todos somos criaturas potencialmente bellísimas, por haber sido creadas a imagen de Dios, pero incapaces de satisfacernos plenamente unos a otros. La relación entre nosotros, pues, únicamente será buena y de veras serena si pasa a través del Padre común. Sólo Él es el Absoluto. Y es, por tanto, el único capaz de saciar la sed de nuestro corazón, de dar respuesta a las preguntas esenciales de nuestro ser. 
        Mientras no descubrimos a Dios, volcamos este deseo en otros hombres, cayendo –antes o después- en inevitables decepciones. Viene a ser como intentar beber de un vaso vacío o que apenas contiene un sorbo de agua. Si, en cambio, nos acercamos a la fuente divina para saciar nuestra sed, a la vez llegaremos a amar a cada hombre con sus limitaciones, y a perdonarlo,  si esto fuera preciso; conseguiremos también aceptar lo bueno de lo que es capaz, sin pretender más. Sólo así podremos encontrar una alegría y una paz auténticas y duraderas.   
              Con la fe cambia incluso el modo de contemplar el mundo. Consigues mirarlo con nuevos ojos. De ninguna manera es cierto que los cristianos no amemos la vida. La verdad es exactamente la contraria. La religión revelada por Jesús es la religión de la encarnación…Quiere decir que la misma realidad completa puede ser santificada de continuo: nuestro trabajo y nuestros lazos afectivos, pero también nuestras diversiones, el arte, la música, la cultura, etc. Toda cosa buena se vuelve sagrada si se la mira con los ojos de la fe, si se la envuelve con amor de Dios. 
CONTINÚA…
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EL ESFUERZO POR DAR BUEN EJEMPLO SIEMPRE ESTÁ PREMIADO

           
Cuando una mujer hindú se hizo seguidora de Cristo, su marido y otros parientes
trataron de hacerle la vida imposible. 

Un día un misionero le preguntó: 
 – Cuando tu esposo se enfada y te hostiga, ¿qué
haces? 
Le preparo una mejor comida y le barro mejor el piso
—replicó la señora—. 
Cuando me habla ásperamente, le respondo con
suavidad. 
En todo lo que hago procuro demostrarle que desde que me hice
cristiana soy mejor esposa. 
Ese marido se resistió a todos los sermones del
misionero, pero no pudo rechazar la prédica práctica de su mujer.


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DE MI DECISIÓN DEPENDE…

DOCILIDAD

25 enero 2000- Basílica de San Pablo Extramuros, celebración de las Vísperas presidida por el cardenal Roger Etchegaray. 

La liturgia sirvió de clausura de la Semana de oración por la unidad e los cristianos que ha convocado a los 2 mil millones de bautizados del planeta. Etchegaray narró una significativa historia que le había contado un sacerdote ortodoxo. 
«Cuando Cristo, después de la Pascua, estaba a punto de subir al cielo, bajó la mirada hacia la tierra y la vio sumergida en la oscuridad, a excepción de una lucecillas que iluminaban la ciudad de Jerusalén. En plena Ascensión, se cruzó con el  ángel Gabriel, quien estaba acostumbrado a realizar misiones terrestres. 
El mensajero divino le preguntó: 
- `¿qué son esas lucecillas?´. 
- ‘Son los apóstoles reunidos en tono a mi Madre. Mi plan es que, una vez que regrese al cielo, les envíe el Espíritu Santo para que estos pequeños fuegos se conviertan en una gran brasa que inflame de amor toda la tierra’´. 
El ángel se atrevió a replicarle: 
- ‘Y,  ¿qué harás si el plan no funciona?’´. 
Tras un momento de silencio, el Señor respondió: 
- ‘¡No tengo otros planes!’».
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Y ZAS, …LO BAUTICÉ

Y zas, …lo bauticé. En el Colegio Aitana, de Alicante, Paco explicaba
el bautismo en la clase de Religión de 6ª de Primaria: – Y así cualquier
persona, cristiano o no, puede bautizar a un no bautizado siempre que
haga lo que quiere la Iglesia, y haciendo la señal de la cruz mientras
derrama agua sobre la cabeza del bautizando dice las palabras: Yo te
bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo… La
clase acabó pidiendo a los niños que animaran a sus familias para
bautizar a los recién nacidos tan pronto como fuera posible. Días
después Pepe llegó con una sonrisa a Don Paco: – Mi mamá ha tenido un
hermanito… Paco después de felicitarle le recordó la necesidad del
bautismo cuanto antes. – Sí le queremos bautizar cuando vengan los
abuelitos… Una semana más tarde fue Pepe el que el comentó preocupado:
– se lo he dicho a mis papás pero dicen que será el mes que viene…
Unos días más tarde, fue corriendo Pepe a ver a Don Paco: Don Paco, D.
Paco: ayer noche mis papás salieron a cenar y ¡zas… lo bauticé!!! (Ya
se puede uno imaginar el bollo teológico que se creó y la consiguiente
discusión en la sala de profesores…).
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EL BELÉN QUE PUSO DIOS (9)

9. El sueño de Yavé 

 
 

En un tiempo remotísimo fui
formada, antes de comenzar la tierra (…)
 

 
 Yo estaba junto a él como
aprendiz, y era su encanto cotidiano…
(Del libro de los Proverbios 8, 23, 30).
  

Yo te alabo, Padre, Señor del
Cielo y de la tierra, porque ocultaste estas cosas a los sabios
y pruden­tes y las revelaste a los pequeños (Mt 11, 25).

  

Soñaba
Zabulón que no podía dormir, porque las es­trellas del cielo se le convertían
en ángeles, y los ánge­les en estrellas con largas colas de espuma plateada;
soñaba que el firmamento se llenaba de música, y que él mismo cantaba
villancicos acompañado por los de­más pastores y hasta por los ladridos del
perro, que parecían de fiesta, mientras la Madre de Jesús les son­reía.

 Luego, de pronto, vino como una nube negra y
soñó que todo era un sueño, que no existían ni la gru­ta, ni María ni el
Niño…; que él era sólo el pastor de un pequeño rebaño en Belén y más tonto
que las ove­jas, como decía su primo Nahúm.
 Entonces, le entró una llorera
tremenda, y ha­ciendo un esfuerzo ímprobo, llamó al Ángel:
 —¡Gabriel! 
 Tan fuerte fue el grito que se despertó.

Por lo visto nadie lo había oído. Su padre y
los demás dormían junto al fuego. 

El cielo, en silencio, tiritaba de estrellas.
 —¿Me llamabas, Zabulón?

Allí estaba San Gabriel, sentado sobre una
roca, con el rostro resplandeciente y con aspecto de estar satisfecho al final
de la jornada. 

Zabulón comprendió enseguida que sólo había tenido una
pesadilla, y trató de disculparse por haber molestado al Ángel sin motivo:
 —Es que estaba soñando, y…
 —Y te asustaste al pensar que todo lo que viste
era mentira.
 —¿Cómo lo sabes?
 —Porque me he asomado a tus sueños hace un
rato, y reconozco que casi me asusto yo mismo.

Zabulón empezó a sentirse un poco molesto:

 —Así que los ángeles os dedicáis a espiar los
sueños de los demás… 
 
El Arcángel se rió
divertido:

 —No te enfades, Zabulón. Nadie te espía; pero
Dios me ha pedido que esté siempre a tu lado para ocuparme de ti. ¿Sabías que cada uno de vosotros tie­ne
un ángel?
 —¿En serio…?
 —¡Claro que en serio! Y a ti, que eres tan impor­tante, te ha
correspondido un arcángel, y además un arcángel de categoría…
 —No te rías de mí, Gabriel.
 —No puedo reírme de ti, Zabulón; pero ahora es tarde y debes volver a dormir. Mañana,
cuando des­piertes del todo, quizá pienses que también esto ha sido parte del
sueño.
 —Un momento, Gabriel…
 —Dime, Zabulón.
 —Cuando era chico, antes de dormir, mi padre
solía contarme un cuento…
 —¿No querrás que le despierte también a él?
 —No hace falta: seguro que tú sabes historias mucho más
interesantes, que me ayudarán a no tener pesadillas.
 San Gabriel permaneció en silencio unos segun­dos.
Jamás habría supuesto que entre las obligaciones de un Ángel Custodio estuviese
la de contar cuentos. Claro que tratándose de la Navidad…
 —¿Y de qué quieres que te hable?
 —¿Por qué no me cuentas un sueño de Yavé? 
 El Arcángel le miró sorprendido como tratando
de asegurarse de que era él quien había hecho tan in­sólita solicitud:
 —De acuerdo, Zabulón —respondió al fin—, pero
con una condición.
 —¿Cuál?
 —Que, de ahora en adelante, no se te ocurra vol­ver
a decir que eres tonto… 
Anda, cierra los ojos, y es­cucha.
 —Hace muchos siglos, antes de que existiera el
universo, Yavé pensó crear la más hermosa de todas sus obras. Para Dios esto
parecía sencillo, y sin duda lo era. Al fin y al cabo, entre todas las
criaturas, algu­na debería ser la más perfecta, y Él podía formarla cuando
quisiera. Pero es que el Señor no se conforma­ba con eso: quería hacerla tan
bella que no fuese posi­ble mejorarla. Ni Él mismo debería ser capaz de lo­grarlo.

Comprenderás, Zabulón, que el proyecto presen­taba
problemas metafísicos de difícil solución: 

¿acaso tiene límites la omnipotencia
divina? 
¿Puede Yavé lle­gar a decir ya no
puedo más?
Por otra parte, ¿qué es la belleza? 
¿No es cierto que,
teóricamente al menos, siempre es posible crecer en hermosura? 
 No te preocupes: no pienso aburrirte con disqui­siciones
filosóficas, que sólo te producirían dolor de cabeza. 
El hecho es que, reunidos
(como siempre es­tán) el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, decidieron
unánimemente resolver el problema del modo mas sencillo: harían que aquella
criatura estuviese siempre tan íntimamente unida a cada una de las tres Perso­nas
Divinas que recibiera de ellas toda la belleza y to­das las perfecciones de
Yavé.
 Ella, a su vez, las refleja­ría como un espejo limpísimo.
 —Yo seré su Esposo —dijo el Espíritu Santo—. La
haré santa desde el mismo comienzo de su ser; fecun­daré sus entrañas con mi presencia,
y siempre estará llena de mí y de mis dones. Será Inmaculada y tan graciosa
como sólo puede serlo la Esposa del mismo Dios.
 —Yo seré su Hijo —continuó el Verbo—. Recibiré
su carne y su sangre, sus gestos y sus mimos. Y divinizaré sus besos, su mirada
y las manos que me acaricien. To­do lo suyo será divino, porque también será
mío.
 —Será mi Hija predilecta —afirmó el Padre—.
Estará siempre ante mis ojos, y con mi mirada la iré em­belleciendo hasta que
yo mismo no pueda dejar de contemplarla, de tanto amor que la tenga.

Esto dijeron los tres. Y los ángeles, que
estamos siempre en la presencia de Dios, escuchábamos mara­villados, sin saber
a qué clase de ángel podía referirse Yavé cuando hablaba de una criatura tan
excelsa.

 —Será un Serafín —aseguraban algunos. 
 La confusión era aún mayor ya que no podía­mos
comprender muchas de las palabras que acabá­bamos de oír: carne, sangre, besos, caricias… Y es que, como ya te he dicho,
Dios aún no había creado el uni­verso material y ni siquiera los arcángeles más
sabios estaban en condiciones de imaginarlo. 
 Lo entendimos, al fin, cuando Yavé empezó a so­ñar
con la que había de ser su Madre, su Hija y su Es­posa. No sé si te he dicho,
Zabulón, que, cuando Dios sueña, todos los bienaventurados nos asomamos a sus
fantasías igual que yo me he asomado antes a las tu­yas. ¿Te imaginas qué
maravilla es contemplarlo todo con los ojos y desde los sueños del mismo
Creador? El universo entero, y millones de universos posibles… 
Te aseguro que
la eternidad se nos pasa en un suspiro (bueno, ya me entiendes, es una manera
de hablar).

P

ero a lo que iba: Yavé
soñó con su Madre. 
Pen­sando en sus ojos, creó el mar; imaginando su sonrisa,
llenó las flores de pétalos; añorando sus caricias, na­cieron las palomas. Y en
cada mujer, desde el comien­zo del mundo hasta hoy, puso algo de María.
¡Lástima que algunas lo destruyan! 
 Ya sabes que en el Cielo no hay envidia. Desde
que el Señor nos puso a prueba y Satán cayó de lo alto, nunca hemos tenido ese
extraño problema.
 Así que estábamos todos tan contentos…
 ¿Y sabes como
llamábamos a María?: el sueño de Yavé. 
Hasta
que un día nació la Virgen, y Dios nos dijo su nombre: Llena de Gracia. 

Así se llama desde toda la eternidad, y así la
saludé yo hace nueve meses en su casa de Nazaret.

 ¿Sabes una cosa, Zabulón…? 
 El pastor no contestó. Llevaba ya mucho rato
dormido. Y esta vez no sufría pesadillas. Tampoco te­nía sus sueños habituales
de chico tonto. 
Estaba en el Portal. El Niño seguía dormido. El perro, a sus
pies, parecía una figurilla de barro. 
También Zabulón se sentía así: como un
muñeco de arcilla en las manos de Dios. Pero estaba contento mirando los ojos
de María.
 —Verdaderamente —le dijo— eres un sueño. 
 El ángel se retiró.

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EL BELÉN QUE PUSO DIOS (5)

5. Las lágrimas de Dios

  

 
Maldito será el suelo por tu causa (…): Espinas y

abrojos te producirá (Génesis 3,17-18).

  

No pongáis triste al Espíritu Santo (Efesios 4,30).

  

Una lágrima en mayo

parece un gran desorden (Pedro Salinas). 

  

 

Fue un viento
helado que parecía llegar de otro mun­do: de algún lugar muy alejado de Yavé.
Hasta los án­geles sentimos el escalofrío: fue un sobresalto; como si, por un
instante, el pánico hubiese logrado forzar las puertas del Cielo y se colara
por una rendija, y ya nadie estuviese a salvo. 

Nos pareció que la luz desapa­recía
sin remedio. Algunos dijeron haber oído un grito estridente; otros, por el
contrario, aseguraban que el silencio era como un manto de niebla que cubría la
Creación; era una noche sin salida, como una ausen­cia definitiva; pero ¿de
quién? 
Alguien mencionó pala­bras que hasta entonces no se habían escuchado ja­más:
angustia, tristeza, muerte. Palabras
recién inven­tadas que no podían tener cabida en la Gloria. Y, sin embargo, era
indudable que algo semejante acababa de rozamos, y se alejaba.

Miguel, el
general de la milicia del Cielo, fue el primero en hablar:

 —Es
igual que aquel día, ¿recordáis?: como si Lucifer cayera de nuevo al abismo.
Es, otra vez, el pe­cado.

En
la tierra el cambio había comenzado: Se acorazaron las flores con espinas. Las
cigüeñas levantaron el vuelo, y empezaron las primeras migraciones de las aves,
que desde entonces siguen huyendo del Paraíso en busca de la tierra prometida.
Se agostaron los manantiales.

 Temblaron las montañas Las culebras cargaron sus
depósitos de veneno, y los alacranes afilaron sus aguijones. El hombre ya no
era rey de la Creación, sino una especie de virus monstruoso y agresivo dentro
de un cuerpo sano, que, por ser obra de Yavé, se rebelaba contra su tirano corrompido.
 —¡Vete
de mí! ¿A qué has venido? ¿A maltratarme?

Y
nacieron las tormentas, los terremotos, los huracanes…

 —Maldito
será el suelo por tu causa: con fatiga sacarás de él el alimento todos los días
de tu vida. Espi­nas y abrojos te producirá… 
Y el hombre escapó del Edén…
Ya conocéis la historia. 
 En
el Cielo, el escalofrío del pecado sólo duró un instante. Pronto volvió esa
felicidad indestructible que ni siquiera los ángeles son capaces de describir
 —¿Y
Yavé?

Si
dijera que Dios lloraba, es posible que alguno de vuestros teólogos se
escandalizase.

—¡Dios
no llora! —diría—. ¡Dios es infinitamente feliz en el Cielo! ¡Nada puede
alterarlo porque es in­mutable!

No
me atrevo a llevarle la contraria. Los ángeles no estamos acostumbrados a las
disputas académicas. 

Pero ¿conocéis el significado de vuestras propias pala­bras
cuando habláis de Dios?

Si
decís que algo es inmutable, ¿en qué pensáis?: ¿en la muerte?; ¿tal vez en una
roca siempre idéntica a sí misma en lo alto del monte? Pues bien, Dios no es
una roca: su inmutabilidad no es carencia de vida, sino plenitud.

Y,
al decir felicidad, ¿sabéis de qué
estáis ha­blando? De amor, sí. Desde luego ésa es la palabra más cercana,
aunque sólo aquí arriba alcanzaréis a entenderla del todo. Pero comprendéis que
amor es, sobre todo, vida, alegría, sufrimiento… 

¿Quién puede imaginar un
amor de hielo, inmutable, corno una
roca fría Dios no es así: y su felicidad consiste también en no renunciar al
dolor por los que ama.

Por
eso lloraba Yavé en lo alto del Cielo, mientras se rebelaba la tierra contra
Adán.

Pero
tenéis razón: ¡es tan difícil sufrir en la Gloría! No se conformaba el Señor
con que apenas le rozara el viento frío del pecado del hombre: quería sentirlo
en su carne. 

Y mientras ponía su belén, pensó en desahogar su pena. 
Y miró a la
cuna. 
Y soñó con un fuego dulce que se abría paso por las mejillas del Niño,
con un racimo de perlas ardientes que la estrella encendía en reflejos de
plata, y se volvían amargas en los labios.

Yavé
las llamó lágrimas y las puso, generosamente, en los ojos de Jesús.

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CAMPANAZO REAL

Tal era la afición al juego de Enrique VIII de Inglaterra, que cuando se quedaba sin blanca apostaba bienes del estado. 
En una ocasión se jugó las campanas de la catedral londinense de San Pablo y las perdió. 
Transiit gloria mundi: ¿qué más estar arriba o abajo? 
El Príncipe Luis Felipe de Portugal fue fatalmente herido al mismo tiempo que su padre moría en Lisboa el 1 de febrero de 1908. 
Quiso la casualidad que ambos murieran, primero el padre y luego el hijo. En ese lapso de tiempo, el príncipe pasó a ser rey de Portugal por 20 minutos, pasando a la historia como el reinado más breve de todos los tiempos. 
El espíritu santo llena las iglesias y algunos curas las vacían… 
Fidel Castro pronunció ante las Naciones Unidas, el 26 de septiembre de 1960, el discurso más largo de que hay memoria: estuvo hablando durante 4 horas y 29 minutos. 
Al final, sólo quedaban en la sala los representantes cubanos. ¡Qué remedio!
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PA’ QUERERSE HAY QUE ‘ROSARSE’

Don Manuel González, un santo obispo de Málaga de principios del siglo XX, declarado Beato por Juan Pablo II, famoso como catequista de niños de barriada, tiene una buena colección de dichos de niños, de ésos que parecen inspirados por el Espíritu Santo, que parece expresarse mejor por la boca de los inocentes y sencillos. Estos dichos aparecen recogidos en el libro Partiendo el pan a los pequeñuelos. Un día les explicaba a los chiquillos de Primera comunión la necesidad que tiene el cristiano de recibir la Comunión eucarística.
Continúa con esta historia explicativa

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Amor a la Eucaristia (Eucaristia)

Termina nuestra meditación del Jueves Santo. Si el Señor nos ha ayudado —y El está siempre dispuesto, basta con que le franqueemos el corazón—, nos veremos urgidos a corresponder en lo que es más importante: amar.
Sacado de

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