Cuando se habla de la homosexualidad en la Unión Soviética suele aparecer una afirmación simplificada: Stalin prohibió la homosexualidad en 1934. El dato básico es correcto, pero la historia que hay detrás es bastante más compleja.

Una investigación publicada en The Russian Review en 2025, basada en nuevas fuentes de archivo, permite reconstruir con mayor precisión cómo se produjo la recriminalización de las relaciones homosexuales entre hombres durante el estalinismo.

La homosexualidad había sido despenalizada tras la Revolución

Uno de los aspectos más llamativos es que la homosexualidad masculina había dejado de ser delito después de la Revolución rusa. La despenalización se produjo en 1917 y quedó reafirmada en el Código Penal de la RSFSR de 1922.

Durante los primeros años de la Unión Soviética no existía, por tanto, una legislación penal que castigara las relaciones homosexuales entre hombres. Esta situación favoreció una mayor visibilidad de los homosexuales y, según las nuevas investigaciones, también un aumento de la autoaceptación entre algunos hombres homosexuales.

Pero aquella relativa libertad no duraría.

A comienzos de los años treinta, los servicios de seguridad soviéticos comenzaron a prestar una atención creciente a las comunidades homosexuales, especialmente en Moscú y Leningrado.

1933: comienzan las grandes operaciones represivas

En agosto de 1933, el Cuarto Departamento Político Secreto de la OGPU inició una operación clandestina contra hombres homosexuales en Moscú y Leningrado.

En Leningrado, las detenciones comenzaron el 4 de agosto y continuaron durante septiembre. Fueron detenidos 198 hombres, entre ellos artistas y escritores, aunque la mayoría pertenecía a sectores mucho más diversos: empleados, trabajadores industriales, obreros no cualificados y personas de origen campesino.

Lo importante es que en aquel momento todavía no existía una ley específica que criminalizara la homosexualidad.

Los detenidos fueron acusados de actividades contrarrevolucionarias mediante el famoso artículo 58 del Código Penal de la RSFSR, utilizando su homosexualidad como elemento de una supuesta conducta antisoviética.

Es decir, inicialmente la represión no se articuló mediante un delito específico de homosexualidad, sino mediante la maquinaria política utilizada contra los considerados enemigos del Estado.

El papel de Marinus van der Lubbe

Uno de los elementos más interesantes de la nueva investigación es la relación entre esta campaña y la propaganda soviética alrededor del incendio del Reichstag.

Marinus van der Lubbe, el joven neerlandés acusado de provocar el incendio del Reichstag en 1933, había sido presentado por la propaganda nazi como comunista. La propaganda comunista respondió construyendo otra narrativa: presentó a van der Lubbe como homosexual y trató de vincular la homosexualidad con el fascismo.

La campaña llegó a la prensa soviética y contribuyó a crear una asociación propagandística entre homosexualidad, degeneración moral y nazismo. La investigación sostiene que Genrikh Iagoda, entonces jefe de facto de la OGPU, aprovechó ese clima político como pretexto para impulsar las operaciones represivas de 1933 contra homosexuales en Moscú y Leningrado.

La ironía histórica es considerable: mientras el régimen soviético utilizaba la homosexualidad para atacar propagandísticamente al nazismo, comenzaba al mismo tiempo a endurecer la persecución de los homosexuales dentro de la propia Unión Soviética.

Stalin ordenó preparar una nueva ley

Aquí aparece otro aspecto que la nueva documentación permite matizar.

Durante décadas se había considerado que Iagoda había propuesto directamente a Stalin la creación de una nueva ley contra la homosexualidad. Sin embargo, el informe completo de Iagoda descubierto en los archivos no parece sostener esa interpretación.

Iagoda informó a Stalin de las operaciones realizadas y utilizó el artículo 58 para justificar las detenciones. Fue Stalin quien, al recibir el informe, escribió una instrucción dirigida a Lazar Kaganovich para que se introdujera una nueva norma específica en la legislación.

La anotación de Stalin fue contundente: consideraba que aquellos hombres debían recibir un castigo ejemplar y ordenaba desarrollar la correspondiente legislación.

En 1934, doce años después de la despenalización reafirmada en el Código Penal de 1922, comenzaron a introducirse en las repúblicas soviéticas normas que criminalizaban las relaciones sexuales entre hombres. En la RSFSR, esta legislación permanecería vigente durante décadas y no sería derogada hasta 1993, ya bajo Boris Yeltsin.

No fue simplemente una decisión aislada

La investigación de Irina Roldugina introduce una cuestión importante: la recriminalización no parece responder a un único plan perfectamente diseñado desde el principio.

El proceso fue fragmentario y estuvo condicionado por diferentes factores: la creciente visibilidad de las comunidades homosexuales, la actuación de la policía política, las luchas burocráticas internas, la propaganda contra el fascismo y la voluntad del régimen estalinista de ejercer un control cada vez mayor sobre la sociedad.

Además, la persecución no afectó de manera uniforme a todos los homosexuales. Algunas personas fueron detenidas mientras otras, pese a ser conocidas por su homosexualidad, no fueron arrestadas. La documentación disponible apunta a una represión selectiva cuya lógica completa todavía presenta interrogantes para los historiadores.

Una paradoja de la historia soviética

La evolución resulta difícil de encajar en el relato simplista de que el comunismo soviético fue desde el principio uniformemente represivo hacia los homosexuales.

La realidad histórica fue distinta.

La Rusia revolucionaria eliminó la criminalización de las relaciones homosexuales y esa situación quedó recogida en el Código Penal soviético de 1922. Una década después, bajo Stalin, comenzó una nueva etapa de vigilancia y persecución que desembocó en la criminalización de 1934.

Por eso, cuando se habla de la homosexualidad en la URSS, conviene distinguir entre la etapa revolucionaria inicial y el posterior sistema estalinista. Meter ambos periodos en el mismo saco borra precisamente uno de los cambios políticos y sociales más significativos de la historia soviética.

Y hay una última ironía que merece recordarse: la homosexualidad fue utilizada por la propaganda soviética como arma contra el fascismo mientras, prácticamente al mismo tiempo, el propio Estado soviético estaba construyendo una nueva maquinaria de persecución contra los homosexuales.

La historia, una vez más, es bastante menos cómoda que el eslogan.

Fuente: Irina Roldugina, The Recriminalization of Homosexuality under Stalin: New Sources, New Answers, The Russian Review, publicado el 29 de agosto de 2025. DOI: 10.1111/russ.70082.