Decir la verdad con caridad (la importancia de estudiar Lengua Española)


Estudiar Lengua Española es muy importante

Los pesados, los incultos, son personas que no se conocen, que no saben medir sus palabras. La mayor parte de las palabras que dicen son un mensaje vacío; no comunican nada excepto vanidad. El gran reto de la comunicación es tener claro qué se quiere comunicar y hacerlo en su integridad: que llegue al interlocutor.

Uno de los grandes desafíos de la humanidad es aprender a comunicarse. De la comunicación depende, muchas veces, la felicidad o la desgracia, la paz o la guerra. Lo que provoca grandes problemas no es que se diga la verdad, pues muchas veces no hay más remedio que decirla; sino cómo se dice: he aquí lo que provoca en algunos casos grandes problemas. La verdad puede compararse con una piedra preciosa: si la lanzamos contra el rostro de alguien, puede herir, pero si la envolvemos en un delicado embalaje y la ofrecemos con ternura ciertamente será aceptada con agrado.

Sigue con un cuento corto e interesante

Las formas son importantes

Un Sultán soñó que había perdido todos los dientes. Después de despertar, mandó llamar a un sabio para que interpretase su sueño. “¡Qué desgracia, Mi Señor! -exclamó el sabio-, cada diente caído representa la pérdida de un pariente de Vuestra Majestad”. “¡Qué insolencia! -gritó el Sultán enfurecido- ¿Cómo te atreves a decirme semejante cosa? ¡Fuera de aquí!”. Llamó a su guardia y ordenó que le dieran cien latigazos. Más tarde ordenó que le trajesen a otro sabio y le contó lo que había soñado. Este, después de escuchar al Sultán con atención, le dijo: “¡Excelso Señor! Gran felicidad os ha sido reservada. El sueño significa que sobrevivirás a todos vuestros parientes”. Se iluminó el semblante del Sultán con una gran sonrisa y ordenó que le dieran cien monedas de oro. Cuando éste salía del Palacio, uno de los cortesanos le dijo admirado: “¡No es posible! La interpretación que habéis hecho de los sueños es la misma que el primer sabio. No entiendo porque al primero le pagó con cien latigazos y a ti con cien monedas de oro”.

Recuerda bien amigo mío –respondió el segundo sabio– que todo depende de la forma en el decir“.