Cuando se habla de la conquista de América, es frecuente presentar a la Iglesia como un bloque monolítico que habría justificado sin más la explotación de los indígenas. La historia real es bastante más compleja y, en algunos aspectos, mucho más interesante.

En el siglo XVI surgió dentro de la propia Iglesia española uno de los debates intelectuales más importantes sobre la dignidad humana, la guerra, la conquista y los derechos de los pueblos.

Uno de sus protagonistas fue Fray Bartolomé de las Casas, dominico y obispo de Chiapas, que dedicó buena parte de su vida a denunciar los abusos cometidos contra los indígenas y a defender que estos eran personas libres, racionales y titulares de derechos.

Su postura alcanzó uno de sus momentos más conocidos en la Controversia de Valladolid (1550-1551), donde se enfrentó intelectualmente a Juan Ginés de Sepúlveda acerca de la legitimidad de la guerra y de la conquista de los pueblos indígenas. No fue simplemente una discusión entre dos particulares: fue un debate teológico, jurídico y político en el que participaron especialistas de la época.

Y aquí aparece una cuestión fundamental: Francisco de Vitoria y la Escuela de Salamanca.

Vitoria había fallecido en 1546, antes de la Controversia de Valladolid, por lo que no participó directamente en ella. Pero sus ideas forman parte del mismo gran movimiento intelectual que estaba cuestionando las bases jurídicas y morales de la conquista.

Los teólogos y juristas de la Escuela de Salamanca reflexionaron sobre cuestiones extraordinariamente modernas para su época: ¿puede un pueblo ser privado de sus bienes simplemente por no ser cristiano? ¿Puede justificarse una guerra por motivos religiosos? ¿Qué derechos tienen los pueblos? ¿Qué límites tiene el poder político?

La respuesta de muchos de estos autores fue revolucionaria para el siglo XVI.

Francisco de Vitoria defendió que los indígenas poseían derechos y que ni su paganismo ni su condición de no cristianos anulaban su dominio sobre sus tierras y bienes. Su reflexión sobre el derecho de gentes contribuyó además a sentar bases fundamentales de lo que posteriormente sería el derecho internacional.

Y esto es precisamente lo que hace tan interesante la historia de la Iglesia en la España del siglo XVI.

No estamos ante una institución que simplemente guardara silencio mientras otros conquistaban América. Dentro de la propia Iglesia existió una intensa discusión moral y jurídica sobre los límites de la conquista y el trato que debía darse a los indígenas.

Hubo religiosos que denunciaron los abusos, teólogos que discutieron la legitimidad de la guerra, juristas que desarrollaron nuevas categorías jurídicas y misioneros que defendieron a las poblaciones indígenas.

Las Casas es probablemente el rostro más conocido de esa defensa, mientras que Vitoria representa una de sus formulaciones intelectuales más importantes.

Y la Escuela de Salamanca no se limitó a la cuestión americana. Sus autores trataron también problemas relacionados con la justicia, la propiedad, los contratos, el comercio, el precio justo, la autoridad política y el derecho natural. La propia Real Academia Española define la Escuela de Salamanca como el conjunto de teólogos y juristas españoles del siglo XVI que, entre otras cuestiones, sentaron bases del derecho internacional a partir de sus reflexiones sobre la conquista de América.

Por eso, cuando se afirma que «la Iglesia» fue simplemente la institución que justificó la conquista y la explotación de los indígenas, se está eliminando de la historia precisamente una de sus partes más incómodas para ese relato.

Porque fue dentro del mundo cristiano y, en particular, dentro de las universidades y órdenes religiosas de la España del siglo XVI, donde se produjo una de las grandes discusiones de la Edad Moderna sobre la dignidad, los derechos y la libertad de otros pueblos.

No hace falta idealizar la conquista ni negar sus abusos para reconocerlo.

Al contrario: precisamente porque existieron abusos, resulta históricamente relevante que hubiera religiosos como Bartolomé de las Casas, intelectuales como Francisco de Vitoria y toda una corriente como la Escuela de Salamanca dispuestos a discutir si aquellos abusos podían considerarse moral y jurídicamente legítimos.

La historia es bastante más compleja que el relato de «Iglesia contra derechos humanos».

Y, en este caso, una parte importante de la defensa de la dignidad humana surgió precisamente desde la Iglesia.