distinto a la habitual; se hallaba locuaz y muy
dispuesto al diálogo. Juan siempre fue muy
“encerrado” en sí mismo así que le pregunté a qué
se debía su cambio, y enseguida me contó lo que
le había ocurrido el día anterior.
dispuse a “ser feliz” con mi debilidad: mirar
televisión. Suelo hacerlo todos los días porque
vos sabés que yo descargo mis tensiones apretando
los botoncitos del control remoto.
atraparme. No tanto por la belleza del
espectáculo sino porque se estaban dando con todo
y se había generado una violencia que no sabía
dónde iba a terminar.
tenía servida, la puse en un pan y la comí en
sándwich para no tener que bajar la vista al
plato a cada instante.
rápidamente qué había en los otros canales. Una
película de acción me mostró a un perturbado
mental liquidando gente en un restaurante (los
efectos especiales son espectaculares, en un
minuto mató a más de veinte…).
poco “idiotizante” pero divertido… Y así, seguí
mirando otros canales hasta que me enganché con
una serie norteamericana que trataba el tema de
una familia y sus problemas de comunicación. Pero
no pude enterarme cómo resolvía sus problemas
porque, de repente… ¡zas! Se cortó la luz.
resignado, pregunté a mi mujer qué era lo que
quería decirme cuando me interrumpía a cada rato
durante el primer tiempo del partido de fútbol.
importaba… Me había preguntado si íbamos a
bendecir la mesa pero, ya habíamos comido… Mi
hija mayor había querido mostrarme una nota que
sacó en el colegio, pero ya se había acostado…
Y el bebé había llorado para que lo alzara, pero
ya estaba dormido. Igual (terminó diciendo mi
esposa) a los tres les había alcanzado con sólo
verme siquiera un rato en el día…
realmente me hubieran hecho feliz, me dije,
decididamente que aún no era tarde para
“redimirme”.
Me dispuse a darle un beso al bebé y arroparlo
bien en su cuna; pensé en ir a la habitación de
la más grande para sentarme en el borde de su
camita y contarle un cuento, aprovechando que
todavía no se había dormido; también planifiqué
tomar un café con mi esposa y charlar sobre
nuestras vidas; y hasta rezaríamos juntos antes
de dormir…
biblioteca, volvió la luz, y por supuesto, volvió
a encenderse el televisor…
en la trampa, y apagándola justo en el momento en
que la familia de la serie norteamericana
discutía más acaloradamente, me dispuse a
recobrar el tiempo perdido después de tanta
oscuridad.
experiencia yo pensaba que, paradójicamente,
aquel corte de luz, había iluminado su corazón a
tiempo…