La Delicadeza (David Foenkinos)

  • Le gustaba reír, y también leer. Dos ocupaciones que rara vez podía simultanear, pues prefería las historias tristes.
  • Había atravesado la adolescencia sin tropiezos, respetando los pasos de cebra. A los veinte años, el porvenir era para ella una promesa.
  • Una entrada en materia muy clásica, que a menudo determina el punto de partida de algo que, por lo general, con el tiempo deja de ser tan clásico.
  • Aunque sometido a la dictadura de la sensualidad, no dejaba de ser un hombre romántico, que pensaba que el mundo de las mujeres podía resumirse a una sola.
  • La literatura estaba allí, en ese momento, entre ellos.
  • Los tres libros preferidos de Nathalie: Bella del señor, de Albert Cohen, El amante, de Marguerite Duras, La separación, de Dan Franck.
  • Quizá haya una dictadura de lo concreto que contraría siempre las vocaciones.
  • Era de esa clase de hombres que abordan a una mujer una sola vez en la vida, y van y aciertan.
  • Había una botella de champán para cada invitado, lo cual resultaba de lo más práctico.
  • Hay una jerarquía en la obligación de la alegría, y las bodas están en la cúspide de la pirámide.
  • A François le encantaba John Lennon. De hecho, en su honor, se casó vestido de blanco de los pies a la cabeza. Así, cuando los novios bailaban, la blancura de uno se perdía en la del otro.
  • Amputado esos momentos de aire libre.
  • En la felicidad siempre llega un momento en que uno está solo entre la multitud.
  • Organizar una boda es como formar gobierno después de una guerra
  • Nadie podía imaginar que a veces esa felicidad le daba miedo, Nathalie temía que pudiera llevar intrínseca la amenaza de la desgracia.
  • Por primera vez, vivían la vida en su densidad única y total: la del momento presente.
  • La familia y los amigos presentes el día de su boda formaban lo que podría llamarse el primer círculo de presión social. Presión que pedía la venida al mundo de un niño. ¿Tanto se aburrían en su vida como para que les interesara hasta ese punto la de los demás
  • Vivimos sometidos a la tiranía de los deseos ajenos.
  • Nathalie vivía en la extraña bruma de la monogamia. Perdón, del amor.
  • La contemplación cotidiana de esa feminidad inaccesible le resultaba agotadora.
  • Quizá fuera ésa su mejor cualidad: la de saber esconder sus flaquezas.
  • Un segundo después, su vida ya no era la misma.
  • Por la mañana todavía era una mujer. Y ahora se dormía como una niña.
  • ¿Cómo podía tanta felicidad hacerse pedazos de esa manera?
  • Unos años después, volvemos a reunirnos, y algunos seguramente van igual vestidos que entonces. Habrán sacado del armario su único traje oscuro, que lo mismo vale para la felicidad que para la desgracia. Única diferencia: el tiempo.
  • ¿Puede alguien proseguir la lectura de un libro interrumpido por la muerte de su marido?
  • Nadie escucha a los que dicen querer estar solos.
  • La voluntad de soledad sólo puede ser una pulsión patológica. Por mucho que Nathalie se esforzara por tranquilizar a todo el mundo, la gente se empeñaba en ir a visitarla.
  • Le costaba entender que se pudiera tener fe después de haber vivido una tragedia.
  • Qué difícil mantener la fe después de una tragedia….
  • Para que el trauma no gangrenara su inconsciente.
  • Entonces se arrodillaba, y era como una santa con un demonio en el corazón.
  • Algo, en el movimiento de los días, se había roto de manera brutal.
  • Recuperar así una especie de soltura nocturna.
  • Desdoblada así, observaba pasmada la mujer que ya no era,
  • Estaba sumido en lo que él mismo llamaba «la vida de ca(n)sado».
  • Hay en el duelo una fuerza contradictoria, una fuerza absoluta que lo propulsa a uno tanto hacia la necesidad de cambio como hacia la tentación morbosa de la fidelidad al pasado.
  • Es que bastaba cambiar de ambiente para cambiar de humor
  • Una bulimia del trabajo.
  • Sólo buscaba ahogarse en trabajo y más trabajo
  • Quizá el dolor sea eso: una forma permanente de estar desarraigado de lo inmediato.
  • Si supieras lo que tengo en la cabeza, tengo algo tan bonito que borra todos los datos inútiles…
  • Repasaba en su cabeza una y otra vez la escena del beso. Era ya una película de culto en su memoria.
  • Silogismos de la amargura, de Cioran.
  • Permite ver en El beso la realización postrera de la búsqueda humana de la felicidad.
  • Tres aforismos de Cioran leídos por Markus en el tren de cercanías: El arte de amar consiste en saber unir a un temperamento de vampiro la discreción de una anémona. * En el corazón de cada deseo se enfrentan un monje y un carnicero. * El espermatozoide es un bandido en estado puro.
  • La pena de amores: no sabes cuándo se te pasará. En el momento más crudo del dolor, piensas que la herida siempre estará abierta. Y, de pronto, una mañana te extrañas de no sentir ya ese peso terrible.
    Qué sorpresa darse cuenta de que el dolor ya no está. ¿Por qué ese día? ¿Por qué no más tarde, o antes? Es la decisión totalitaria de nuestro cuerpo. Para ese impulso del beso, Markus no debía buscar una explicación concreta. Había aparecido en el momento adecuado. La mayoría de las relaciones se resumen de hecho a esa simple cuestión del momento adecuado.
  • Markus, que se había perdido tantas cosas en la vida, acababa de descubrir su capacidad de aparecer en el momento ideal en el campo visual de una mujer.
  • Hay gente fantástica a la que se conoce en mal momento. Y hay gente que es fantástica porque se la conoce en el momento adecuado.
  • Utilizaría el sábado y el domingo como dos gruesas mantas.
  • Su primera decisión fue muy simple: la reciprocidad. Si ella lo había besado sin pedirle su opinión, no veía por qué no podría él hacer lo mismo.
  • Entonces es que no sabe usted nada de la sensualidad. Un beso suyo, y luego nada… Pues claro que es un crimen. En el reino de los corazones secos sería usted condenada.
  • Se daban por fin todas las condiciones para una velada indolora.
  • La vida son sobre todo momentos de borrador, tachones y espacios en blanco.
  • La belleza estaba ahí, delante de él, mirándolo fijamente a los ojos, como una anticipación de lo trágico.
  • Sentía que todo lo que sabía del amor había sido saqueado.
  • Uno nunca debería tratar de evitarse un dolor potencial.
  • Tenía ganas de partir hacia un destino desconocido. Nada era trágico. Sabía que existían transbordadores entre la isla del dolor, la del olvido y aquélla, más lejana todavía, de la esperanza.
  • En una historia de amor, el alcohol acompaña dos momentos opuestos: cuando se descubre al otro y hay que narrarse uno mismo, y cuando ya no hay nada que decirse.
  • Las veladas pueden ser extraordinarias, las noches, inolvidables, y, sin embargo, todas desembocan siempre en mañanas normales y corrientes.
  • Quizá no haya nada tan extenuante como vivir bajo la tiranía sensual de una belleza fija, detenida en el tiempo.
  • Era la encarnación violenta de la feminidad.
  • Pensó enseguida: esa sonrisa es un crimen.
  • Un pasado que no termina nunca de pasar.
  • En Suecia, las carreteras son rectas; llevan a un destino que se ve.
  • Era la oscuridad más luminosa de su vida.
  • Redescubrir juntos el manual de instrucciones de la ternura.
  • La vida podía avanzar, la vida podía arrasarlo todo, pero allí nada se movía: era la esfera de lo inmutable.
  • Instantes robados a la perfección.